Las mujeres y el papel higiénico

“¿Qué hacen las mujeres con el papel higiénico?”. Ya sé, la pregunta da pié para que se responda de manera grosera, ordinaria y escatológica. No es esa la intención de la pregunta.

Lo mío es un interrogante más… más… filosófico.

No me interesa saber “qué” es lo que hacen, ni el cómo. Me interesa saber el por qué.

La gracia de la filosofía, es que esta se hace preguntas últimas. O sea, por aquellas que van en la búsqueda del sentido final, de las cosas.

Pretendo no caer en la categoría de machista, pero hagan la prueba. Dejen un rollo de papel higiénico cerca de una cantidad X de mujeres. Verán que en cuestión de minutos desaparece.

Así, como por arte de magia.

Claro, nunca es bueno generalizar… claro que no. Pero los invito a hacer la prueba.

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Published in: on noviembre 26, 2010 at 12:23 am  Dejar un comentario  

Mad Men y Piso de soltero de Billy Wilder.

Después de haber terminado con la última temporada de BREAKING BAD, pasé unos días sin mirar ninguna serie. No me ponía de acuerdo, FRINGE, MAD MEN y terminar SIX FEET UNDER eran las opciones.

Finalmente me decidí por MAD MEN, y no me arrepiento de nada, señores.
Metiéndome en varios blogs de cine y series de TV, encontraba que a algunos les gustaba más a otros menos, pero todos coincidían en las siguiente frase: “Mad men, es sin dudas, una de las mejores series en la historia de la TV”. Faaa…. ¿Es para tanto? Sí. ¿Solo porque ganó tres Grammys consecutivos a la mejor serie dramática? Si. ¿Pero por que? ¡¡¡Porque es una serie magistral y san se acabó!!!.

Para empezar su guión es buenísimo. Nada malo se podía esperar de Matthew Weiner, uno de los guionistas de Los Sopranos y creador de esta serie.
Pero para aquellos amigos de la adrenalina, cabe aclarar que no es una serie de acción. Es un drama muy bien llevado y a veces, hasta diría, “lento”. Hay que pasar los 5 primeros capítulos, para engancharse del todo con las historias corales que acá se relatan. Pero cuando termina la primera temporada, te quedas con ganas de más y más.

Mad Men también hace que uno tenga ganas de meterse en una maquina del tiempo y volver a los 60´s. Van a ver que todo está muy bien ambientado, que los objetos cobran vida porque tienen que estar ahí y porque significan algo.
Los personajes son entrañables. A pesar de ser una época diferente y una cultura lejana, uno se siente totalmente identificado hasta el punto de emocionarte al mismo tiempo que ellos lo hacen.Pero sobretodo, lo que uno encuentra en esta serie, son las sutilezas.

En el capitulo final, cuando realizan la propuesta de la publicidad del carrusel de Kodak, me emocioné hasta las lagrimas al mismo tiempo que lo hacía Don Draper.

Una critica española decía que: “Hacía tiempo que la tele no les regalaba algo así. Nunca me cansaré de recomendarla, ni alabarla, ni de decir que merece todos los premios que está cosechando. Tuvo una brillante primera temporada que me ganó con tan sólo su episodio piloto. Sí, yo fui de los que entró de lleno en la serie con tan sólo un episodio. Pero cuando creía que ya había alcanzado la perfección, Mad Men se superó con la segunda y, en especial, la tercera temporada. Las palabras brillante o perfección alcanzaron todo un nuevo significado.

Es una serie que enamora con sus secuencias, con sus planos, con sus diálogos y sus silencios, con unos personajes fuertes, vivos y a la vez muertos por dentro. Me emociono de tan sólo pensar lo que nos va a traer esta nueva temporada, de las vivencias y conflictos de los que estamos a punto de ser testigos. Y doy las gracias porque lo podamos ver.”

Pero ¿que es lo que más me gusta de esta serie? Es que MAD MEN, es cine. Cine puro hecho para TV.

Y acá es cuando quiero enganchar con Billy Wilder y Hitchcock.

En el capitulo 10 de la primera temporada, un señor invita a una compañera de trabajo al cine. Le dice que estan dando: “The apartament” de Billy Wilder. Pero también aclara que se estrenó una película “extraña” que se llama “Psicosis” y hace un comentario despectivo sobre este tipo de cine. (Cabe aclarar que Hitchcock no gozaba de una buena repercusión por ese entonces en los Estados Unidos)

Esa sola escena, me hizo “vivenciar” como eran los estrenos de estas dos obras maestras del cine. En la misma semana se estrenaba una película de Don Alfred y otra de Billy Wilder. Guau….

Pero está bien…lo confieso, si bien me encanta Wilder, nunca había visto THE APARTAMENT ,así que no dudé y miré PISO DE SOLTERO, como fue su traducción al castellano. Gracias a MAD MEN, vi una de las mejores películas de Billy Wilder.

No me voy a poner a analizar la película, porque no tengo ganas. Simplemente quería informarles que PISO DE SOLTERO arrasó con seis premios Oscar, incluyendo mejor película.

Y ahora viene una buena pregunta: ¿Por qué Piso… nunca ingresó a al top ten como otras obras maestras de Wilder, por ejemplo El ocaso de una vida y Una Eva y dos Adanes?

Misterios sin resolver…

Dicen que un crítico americano, llamado Mark Cousins, quién escribió la introducción al guión de Piso de soltero, reconoció que esta película es “la mejor no-obra maestra del cine americano”.

Será entonces como dice la premisa de Sterling Cooper, la agencia de publicidad de los personajes de MAD MEN:

“No importa lo que seas. Lo importante es como lo vendas“.

Published in: on octubre 18, 2010 at 5:42 pm  Dejar un comentario  

C’eravamo tanto amati (Nos habíamos amado tanto)


“El cine es solo un vehiculo para recordarles a los hombres su condicion humana” Manuel De Oliveira

El martes vi nuevamente “C’eravamo tanto amati” de Ettore Scola.

A groso modo dría que la historia se trata de Gianni, Antonio y Nicola, tres amigos militantes, “camaradas”, que combaten juntos contra el fascismo y a partir de ahí comienza una hermosa amistad. O eso es lo que se cree.

A través de un hecho en el presente, comienza un largo flashback en blanco y negro que nos cuenta la historia previa de estos amigos, desde que estaban juntos en un grupo subversivo hasta un acontecimiento que ocurre en el presente. Ahí vuelve el color.

Gianni (Vittorio Gassman) es un abogado ambicioso. Antonio (un magistral Nino Manfredi) es un tipo bonachón, chistoso y cariñoso. Trabaja como camillero, aunque le gustaría haber sido médico.
Y en el tercer lugar está Nicola (Stefano Satta Flores) quien es el intelectual del grupo, quien privilegia sus ideales por delante de su familia y vive angustiado por cambiar el mundo en el que le tocó vivir. Nicola es fanático del neorrealismo italiano.

Pero el elemento de conflicto en esta historia es Luciana (interpretada por la bellísima Stefania Sandrelli) de la que se enamoran los tres amigos. Pero lejos, muy lejos estamos de una cinta de enredos amorosos.

No creo estar capacitado para hacer un análisis de un film tan intenso. Tan grande.

Solo quería plasmar, que miré toda la película con una sonrisa de oreja a oreja, aunque era la tercera vez que la veía. Pero no se porque, en esta película hay dos escenas que me emocionan mucho. Y esta vez que la veía en cine, creo que me impactaron mucho más.

Una es cuando Antonio llega en la ambulancia hasta la Fontana Di Trevi a buscar a una señora que se sentía descompuesta. Pero resulta que justo en ese momento hay un gran desligue porque están filmando “La dolce vita”.
Fellini, el verdadero actuando de él mismo, se encuentra en una grúa rodando la famosa escena de Anita en el agua.

Mientras hacen silencio y observan, Antonio se encuentra al gran amor de su vida que por primera vez va a cumplir su sueño de ser actriz. Es Luciana, quien está charlando con Marcelo Mastroianni (el mismísimo Marchelo), mientras esperan ir a toma. El resto del equipo técnico y extras, caminan por las escalinatas de la Fontana, sin saber que son testigos del rodaje de una de las mejores películas de la historia del cine.

Esa simple escena, me hizo emocionar muchísimo. El cine detrás del cine.

Y la otra que también me impactó, pero en menor medida, es el momento en que Nicola está en la platea de un club escuchando a Vittorio De Sica (usando material de archivo, obviamente) contando como hizo llorar al niño de “El ladrón de bicicletas”. Quizás poniendo este fragmento resulte insulso, pero con la carga emocional que viene arrastrando la película, uno ve la cara de Nicola y se emociona.

Antes de empezar la película Juan dijo, algo como: “Estas, son el tipo de películas que hacen que uno sepa porque eligió esta profesión. El día a día de este medio es muy difícil, a veces hasta demasiado… pero cuando aparecen películas como estas, uno se da cuenta que no estaba tan equivocado en haber elegido al cine…”
Nunca estuve más de acuerdo con una persona.

Published in: on agosto 12, 2010 at 2:42 pm  Dejar un comentario  

Amarcord, Fellini y Bergman


Son las 22, 30 de la noche. Hace una hora que estamos analizando la estructura dramática de “Amarcord” de Federico Fellini. Lo que parece ser una película caótica, tiene sin que lo sepamos, una estructura bien definida.

Pascual y Juan José cuentan anécdotas sobre la charla con Tonino Guerra, el guionista de la película.

“¿Qué les pareció energéticamente?” pregunta de repente Juan José.

“A mí me cansó… me saturo… ni siquiera logré reírme cuando todos lo hacían… no veía las horas de que terminara…” dice un muchacho de la platea.

Para mis adentros, pienso que eso me pasa con Bergman.

Se arma un pequeño e interesante debate sobre el cine de Fellini y sobretodo cual es la clave para entender “8 y ½”. Una vez que se entiende esa clave, resulta ser un peliculón.

Juan José dice que en cuanto a dirección Fellini es magistral, que hay que aprender mucho de él, aunque a uno no le guste.

Y sí, finalmente dice las palabras mágicas: “A mí me pasa con Bergman… su cine no me dice nada… ¡tomá, lo dije!” Dice entre risas.

Respiro aliviado. Por fin siento que no soy el único.

Published in: on agosto 6, 2010 at 4:39 pm  Dejar un comentario  

El tachero zen.

Malabia y Camargo. Paro un taxi. “Vamos para Dorrego y Córdoba” le digo.

No pasan cinco segundos y empieza una entretenida charla con el tachero gordo y canoso.

“Yo tenía un negocio y me infarté… mientras tanto sacaba guita de los taxis, mi abuelo me dió como herencia 10 tachos y ahora tengo 20…”

Digo la pregunta obvia. “¿Y ahora te pusiste a manejar uno?”

“Es que… me pasé seis meses en mi casa, encerrado con mi mujer… me veía todas las novelas, todas las películas, la acompañaba al verdulero… no aguanté más flaco… no aguanté más…” me dice con resignación.

“Apenas se me fue un chofer… a la concha de su madre… lo agarré yo… y mirá que no necesito salir a la calle, pero en mi casa, encerrado con mi mujer no podía más…”

Me río por la situación.

“Por ejemplo anoche… a mi me gustan los caballos ¿sabés?… anoche me fui tranquilo al hipódromo de San Isidro, me pedí un pollito deshuesado con champiñones, me tomé un vacito de vino, le aposté a un caballito y después me fui” me cuenta todo esto, mientas pasamos un semáforo en rojo.

“Cuando volví a casa, mi jermu me pregunta ¿Cómo te fue?… ¡Re bien!… no sabés todo lo que laburé!…“. El taxista se ríe solo.

“Ma´sí… ¡déjame de hinchar las pelotas!…dejame ser feliz, si total no te falta nada…”

“Yo siempre digo, más guita de la que tengo no voy a tener y con la que tenemos hay que disfrutar”

Llegamos a destino. El tachero gordo, se adelante en el asiento y hace un esfuerzo para leer el cartel de Metrovisión.

“¿Vos andas en algo de la tele?” me pregunta.
“Y mas o menos, que sé yo… por lo menos eso intento…” le digo mientras pienso que llego tarde.

Le pago. Se crea un silencio. El tipo se queda pensativo y yo espero a que me dé el vuelto. Pasan unos segundos en los que no pasa nada.
Finalmente, parece que vuelve a la realidad.

“Disculpame… toma” me da las monedas.

“Chau che… gracias” le digo mientras abro la puerta.

“Chau flaco… seguí haciendo lo que te gusta…aunque te hinchen las pelotas…hacé lo que se te cante…”

Me bajo rápido porque estoy llegando tarde. Pero a mis espalda me doy cuenta que el taxi no ha arrancado. Pareciera que el tachero zen se ha perdido nuevamente en sus pensamientos.

Published in: on agosto 6, 2010 at 4:25 pm  Dejar un comentario  

Breaking Bad

BREAKING BAD es una serie que descubrí por casualidad, ya que lamentablemente en nuestra televisión sigue siendo desconocida.

No sé si será la mejor serie de la historia de la TV, pero de lo que sí estoy seguro de que se trata de una verdadera joya de la pantalla chica en la actualidad.

Sé que Mad Men promete mucho, pero recién vi tres capítulos.

Si me preguntarán que es lo bueno de Breaking Bad, me trabaría como un estúpido porque no sabría por donde empezar.

Digamos que es una serie que tiene muchos y variados elementos para ser tenidos en cuenta a la hora de analizarla.

Para empezar creo que la clave principal está en las actuaciones. No por nada, Bryan Cranston ha ganado varias veces el Emmy a mejor actor, interpretando a un Walter White excelente. Pero a su lado, también hay otro peso pesado… es ni más, ni menos que Aaron Paul, conocido por la muchachada “breakingbadsense” como Jesse Pinkman.

Pero si bien sus protagonistas principales la rompen, los secundarios también. No nos podemos olvidar del querido Dean Norris, interpretando a Hank Schrader y por supuesto a la moralista esposa de Walter, Skyler.

Pero si tuviera que recomendar Breaking Bad a un amigo, empezaría por decirle que es una serie que se basa en los siguientes pilares: relaciones familiares donde todo parece estar de maravillas, pero que en realidad son personas que no se conocen a pesar de compartir el mismo techo.

Claro, a primera vista se puede decir que también tratan el tema del cáncer y del narcotráfico… pero sobretodo indagan en la doble moral.

Walter White es un profesor de química de clase media baja, que de un día para el otro le detectan un cáncer de pulmón. Tiene un hijo discapacitado y su mujer embarazada a punto de tener un hijo no deseado. White, decide que antes de morir quiere dejarle a su familia una buena suma de dinero. Para ello comienza a realizar Crystal, una droga química de moda en Estados Unidos.

“Fa, loco…” dirá alguno. “Que dramón” dirá otro. Nada de eso. Lo que es un drama realista se convierte en pura adrenalina. Pura y dura como las metanfetaminas que prepara el Sr. White.

Como decía un critico de series: “Breaking Bad engancha de mala manera y el único recurso que tienes para callar a tu conciencia, es dándole al play para conseguir tenerla contenta. Verla del tirón no es problema pero cuidado cuando llegues al ritmo de un sólo capítulo a la semana… aviso que la espera no es agradable por mucho que exprimas más cada episodio”

Breaking Bad es una serie donde todo está cuidado hasta el último detalle. Algo insignificante en un capítulo, se vuelve sumamente importante tres capítulos más adelante.

Tiene unos diálogos fuertes y bien pensados, pero sobretodo, saben manejar muy bien el silencio. El silencio…. ¡Que bien le vendría un poco de silencio a las histéricas series de Adrián Suar!.

Técnicamente, Breaking Bad es magistral. Impecable. Estupenda. No se puede creer. Podría pasarme toda la noche hablando de esta serie, pero para resumir diré que todo lo que puedan ver en Breaking Bad está perfectamente diseñado, perfectamente estudiado. Desde su guión hasta la fotografía.

Antes de terminar, me gustaría citar Hernán Casciari:

“Breaking Bad nunca, jamás, se presentó como la gran revolución, ni como la más cara, ni como la mejor historia. Es una serie que partió de atrás, como un caballo sin nombre, y que a fuerza de un galope perfecto ahora está primera y sola en la carrera de las obras maestras”

Pruébenla… no se van a arrepentir.
Pero eso sí… les hago una única advertencia… no hay vuelta atrás… es un camino de ida.

Pruébenla… que Heisenberg invita.

¡POLLOS!

Published in: on agosto 5, 2010 at 5:39 am  Comments (1)  

Luces extrañas

Pablo tenía que cruzar la frontera con México y de esta manera renovar su estadía en los Estados Unidos. Eran fines de los noventa y por ese entonces como argentinos no necesitábamos visa para estar en el país del norte. Eran las “relaciones carnales”.

Habíamos salido de Dallas, donde vivía Pablo con su tía y llegamos a Austin para pasar la fiesta de fin de año. Allí nos encontramos Talbolt, un amigo yankee que había conocido meses atrás en Buenos Aires y que juntos saboreamos unas ricas bogas a la parrilla en Santa Fe.

Recuerdo esa noche como si fuera hoy. Hacia un frío terrible y estábamos adentro del auto decidiendo que hacer. El plan original era dejar el auto de Pablo en Austin y tomarnos un colectivo hasta McAllen, la ciudad fronteriza con México.

“¿Si nos vamos en el auto?” Me dice Pablo de repente.
“Pero mirá que son como 2 días de viaje…” contesté sorprendido mientras chequeaba el mapa.

Mi amigo encogió los hombros e hizo una mueca de que no importaba.

“Y bueno… vamos en el auto”

Al otro día, luego de saludar a Talbot y su grupo de amigos, arrancamos temprano hasta la frontera con México.

Aunque tedioso por momentos, el viaje fue espectacular. Íbamos escuchando todo el tiempo el disco nuevo de Cerati que acababa de salir al mercado y que se llamaba “Bocanada”. Estábamos alucinados con esas melodías.

Mientras tanto, pasábamos por Houston, San Antonio, por el estadio de Los Spurs y a veces entrábamos en pueblos fantasmas al mejor estilo far west. Uno en particular, nos llamó la atención porque estaba desierto y se parecía a una película de John Wayne.

En esas andábamos cuando rápidamente se nos hizo de noche y estábamos realmente cansados. Pero cuando miramos el mapa, nos dimos cuenta que nos faltaba mucho para llegar a McAllen y de no ser porque la fecha de expiración en el pasaporte de Pablo apremiaba, hubiéramos parado a descansar. Pero ese no fue el caso.

Habrán sido las dos de la mañana, cuando mis ojos no soportaron más el cansancio y se cerraron pesadamente. Me sumergí en un profundo sueño, a pesar de que cada tanto, me despertaba por el gran frío que hacia. Fue en una de esas despertadas, que Pablo firme en el volante, me señala a lo lejos lo que parecía una ciudad.

La ruta estaba desolada, no pasaba nadie y hacia tiempo que no veíamos señal de vida humana. Sin embargo, en medio del desierto tejano se alzaba una ciudad que despedía miles de rayos de luz.

“Fíjate como se llama” me dijo Pablo, mientras me señalaba el mapa para saber donde pasábamos.

A mí lo que me llamaba la atención es que las luces de la ciudad siempre permanecían igual. Ni se alejaban, ni se acercaban.

“No dice nada…”
“¿Cómo que no dice nada?… ¿No dice como se llama esa ciudad?”

“No… te juro que no… tendríamos que estar por… pará…. Por Alice…”
“No, Alice ya la pasamos mientras vos dormías…”

Miré el mapa varias veces para asesorarme de que mis cálculos y los de Pablo eran correctos. Y sí, Alice ya la habíamos pasado y faltaban varios kilómetros para la ciudad más cercana.
Sin embargo, esas luces se mantenían todo el tiempo adelante. Estuvimos como veinte minutos sin hablar, intentando adivinar en silencio que era realmente esa ciudad de luces extrañas.

Lamento decirles que el final no es como Expedientes X. Creemos que no fue un platillo volador. O por lo menos nunca la supimos.
Lo que puedo decirles con total seguridad, es que nunca descubrimos de que se trataba. De repente, tuvimos que doblar y esa estructura luminosa empezó a alejarse a nuestras espaldas.

Podría a ver sido cualquier cosa. Una boludez.
En definitiva éramos dos pendejos que de noche, transitábamos una ruta solitaria del Estado de Texas y que enfrente teníamos millones de luces encandilándonos.

Published in: on agosto 4, 2010 at 3:13 pm  Dejar un comentario  

Chicos Terribles

Estaba en una de las tantas colas interminables a las que nos tiene acostumbrados esta ciudad. Mientras esperaba en medio de paquetes de papitas fritas y gaseosas, escucho la siguiente frase proveniente de una conversación de señoras mayores.

“Es que los chicos vienen terribles ahora…”

No sé porque esas palabras quedaron resonando en mi cabeza.

“¿Y antes como venían?” me preguntaba.

¿Que es esa cosa marketinera de antes venían mejor…?

Que antes los convertían de “terribles” a “santos” a los sopapos, es otro tema…pero para mí que los chicos siempre vinieron igual.

Published in: on julio 31, 2010 at 10:13 pm  Dejar un comentario  

Los nombres de la rosa. (Para Maxi)


Cada vez que empezamos a relatar esta historia, Consuelo la mujer de Maxi, bosteza y con poco entusiasmo nos dice que sí, que ya la conoce.
Así y todo la contamos igual, y la Consu se resigna a escucharla por enésima vez.

Fué uno de esos veranos en que viajé con la familia de Maxi a Pinamar. Habremos tenido unos quince años, edad en la que los hombres andamos en el “boludeo total”; comportamiento que nos cuesta soltar aún de adultos y a veces… nunca logramos hacerlo.

Mientras las hermanas de mi amigo se enamoraban de Enrique Iglesias, Hernán Crespo y miraban hombres en la playa, a nosotros solo nos importaba jugar al “folbal”, andar en bici e ir a la noche a los jueguitos. Hasta llegamos a inventar una cosa muy rara, que consistía en andar en bicicleta con unas paletas de paddle en la mano y pegarle a una pelota, al mejor estilo polo.

O sea, el boludeo en su máxima expresión.

Pero he aquí que ese verano, la cosa fue diferente.

No digo con esto que de golpe y porrazo hayamos dejado de lado todas esas actividades boludonas, no, para nada… pero lo diferente fue que ese verano nos hicimos amigos de Maru y Mili, dos chicas de nuestra edad, de origen porteño y que daba la casualidad, sus padres habían alquilado una casa justo enfrente de la nuestra.

Así que ahí estábamos, dividiendo nuestro tiempo en actividades deportivas con las de conquista. Por ejemplo, cuando llovía y no había chances de practicar el “bici-paleta-pelota-polo”, nos íbamos para la casa de Maru y Mili y jugábamos al truco mientras tomábamos mates.
Me acuerdo una tarde en la que diluviaba, nos mandaron a comprar medialunas a “Delicity” y para allí partimos saltando charcos y empapándonos con tal de complacerlas.

Pero todo concluye al fin, nada puede escapar dice la canción y luego de una triste despedida, nos tocó regresar a Santa Fe… a la triste realidad. Eran épocas en la que no había chat ni e-mail, por lo que se hacía muy complicado retomar el contacto con esos seres extraños que uno comparte el verano y se vuelven entrañables.

Cuando ya dábamos todo por perdido, a los pocos meses tanto a Maxi como a mí nos llegó una carta de invitación para el cumpleaños de 15 de Mili en Buenos Aires.
No hace falta aclarar que hacia allá partimos. Preparamos sacos, camisas, mocasines y nos fuimos los dos solos a la gran ciudad. Nos creíamos “re pistolas”.

Me acuerdo que nos alojamos en el hotel “Gran Buenos Aires” en el microcentro porteño y allí fue grande nuestra sorpresa cuando nos encontramos a los jugadores de Unión que estaban concentrando para jugar un partido en primera. Nos sacamos fotos con el “Loco” Marzo, La “araña” Maciel, Perezlindo… todos jugadores que hoy, están en el olvido.

La “aventura” comenzó cuando decidimos dar un paseo por la calle Florida, que por ser de mañana estaba atestada de gente. En un momento Maxi se me pierde de vista y segundos más tarde, lo veo salir de un kiosco con una pila de paquetes de figuritas de Baytwatch en donde se la veía a Pamela Anderson corriendo por una playa con maya enteriza roja. Creo que no habrán pasado dos milésimas de segundos, que mi amigo dijo: “¿Para que mierda gasté tanta plata en esto?”

¿Por qué la tierra gira sobre su eje? ¿Cómo fue el origen del Universo? ¿Por qué compró Maxi aquellas figuritas?… son misterios sin resolver.

Pero bueno, no nos vayamos por las ramas. La cosa es que a la noche nos empilchamos, nos preparamos y salimos para el cumple de 15 de Mili.
Tomamos un taxi, le dijimos la dirección y partimos.

Maxi considerándose una especie de “GUIA T” viviente, le decía al taxista que calles tomar, porque claro… no queríamos que nos cague. Hoy viviendo en Buenos Aires, me doy cuenta que el tipo nos re cagó.

Pero eso señores… son datos menores…

Llegamos a una elegante casa del barrio de Belgrano, donde fuimos recibidos amablemente y nos invitaron a pasar luego de los saludos pertinentes.

La cosa no arrancó bien. No conocíamos a nadie y nos sentíamos sapos de otro pozo. Era muy diferente a las fiestas de quince a las que íbamos en Santa Fe.

Pero poco a poco, la noche se fue animando y empezamos a conocer gente, vino la comida, luego el vals y después un poco de cachengue. Y ahí nos lucimos mostrando nuestras habilidades en la cumbia santafesina.

Todo era pura algarabía cuando la música se paró de repente, la gente se hizo hacia los costados y en el centro, apareció Mili con su vestido blanco sosteniendo un micrófono. A su lado, había una mesa llena de rosas.

Así comenzó un acto en el que Milagros le entregaba una rosa a la persona que ella consideraba importante en su vida.

“Para mis papis que me dieron la vida” (o alguna boludez así) y ahí iban los padres en busca de la rosa, bañados en lágrimas mientra la gente aplaudía.

“Para mis hermanos que son terribles pero los quiero” y ahí partían los hermanos medios avergonzados y la gente aplaudiendo.

Cuando iban por la quinta rosa más o menos, Mili dice: (No estoy seguro si estas fueron las palabras exactas, lo que si recuerdo cuanto han retumbado durante años en nuestras cabezas):

“A pesar de que no los conozco hace mucho, siento que son como amigos de toda la vida. Los conocí en el verano y desde entonces, nos hemos vuelto inseparables… vinieron desde lejos para mi cumpleaños y por eso les quiero dar estas rosas…”

Con Maxi nos miramos, asentimos con la cabeza y en cámara lenta pero con paso refinado comenzamos a caminar hacia nuestra querida amiga que nos ofrecía una rosa. Claramente, se trataba de nosotros dos.

Mientras nos íbamos acercando, los aplausos quedaban distorcionados mientras veíamos que Milagros abría la boca para pronunciar aquellos nombres que nunca debimos haber escuchado.

La realidad nos golpeó y duro.

Nos paramos en seco, nos volvimos a mirar entre nosotros sin entender nada y tuvimos que pegar la vuelta con la cabeza gacha y sin rosa. En el fondo, los verdaderos amigos del verano, levantaban esa sucia planta como si fuera un trofeo.

Es una sensación muy fea cuando uno se siente no correspondido. Y nosotros nos sentíamos unos “pelotudos importantes”.

Así y todo, creo que la calentura nos duró unos minutos, porque tiempo más tarde cuando arrancó la música de nuevo, estábamos ahí de cachengue haciendo el trencito con Mili de locomotora.

Pero con el paso del tiempo, creo que fue lo mejor no haber recibido nunca esa rosa.

Si hubiera sido de esa manera, yo no estaría aquí contándola mientras me divierto mucho al recordarla, Maxi nunca hubiera comprado las figuritas de baywatch, nunca se hubiera inventado el “bici-paleta-pelota-polo” y sobretodo, Consu no la hubiera escuchado nunca en su vida.

Published in: on julio 25, 2010 at 10:48 pm  Dejar un comentario  

El Japo

No recuerdo si estábamos en tercer o cuarto año. De lo que sí me acuerdo es que para esa época con el Cabezón éramos unos fundamentalistas del reggae.

Eran tiempos en los que en Santa Fe predominaba la cumbia; por lo que la música jamaiquina no estaba en su apogeo como ahora y nosotros éramos considerados una especie de bichos raros.

Con el Cabezón, nos pasábamos horas escuchando discos de reggae y ska, que intercambiábamos con amigos que hacían lo que nosotros no podíamos, tocar en una banda reggae.

Y ahí estábamos en los ensayos de Sig Ragga Nauru (su primer nombre) y Butumbaba.

Por eso, cuando nos invitaron a un concierto en Rosario, no lo dudamos. Era una gran presentación de nuestros amigos en una ciudad más grande y además tocaban con Los Cafres, que todavía no eran muy conocidos.

Salimos un sábado a la tarde de la casa de Japo, en el colectivo destartalado que tenía Butumbaba. El micro era de los años 60, más o menos, no tenía butacas y estaba todo sucio. Obviamente, su utilidad era el traslado de la banda y no para hacer excursiones.

Con la adrenalina a full, cargamos cables, instrumentos, parlantes y nos fuimos para Rosario, donde llegamos más tarde de lo esperado, dada la poca velocidad del ómnibus y porque también habíamos hecho una parada en una estación de servicio.

Cuando llegamos al lugar donde iba a ser el recital, comenzamos con la descarga de los instrumentos, cuando de repente alguién pregunta con tono normal: “¿Che, dónde está el Japo?”

Japo era el trompetista de Butumbaba, que por sus rasgos orientales su sobrenombre era… claramente… Japo… de japonés.

“Debe estar dormido entre los equipos” fue una de las respuestas.

Pero en ese momento, nadie se entusiasmo demasiado con la intriga y continuamos con la pesada labor.

Cuando el colectivo quedó completamente vacío, el interrogante se agrandó de golpe y un cierto temor empezó a crecer entre todos los presentes.

“¿Dónde está el Japo?” Repetíamos a coro.
“El japo, boludo… ¿dónde está?”

Recordemos que para aquella época, casi nadie tenía celular. Era cosa de ricos.
En voz baja, algunos empezaban a hacer especulaciones al estilo:

“Para mí que nunca se subió”
– “¿No dijo que venía más tarde?”

Pero en el fondo, todos sabíamos que lo habíamos olvidado.
Si, señores. Nos olvidamos del Japo.

Nadie recordaba que en esa parada en la estación de servicio, Japo había bajado para comprar cigarrillos en el kiosco, mientras el colectivo a paso de tortuga arrancaba hacia su destino final.

Japo llegó horas más tarde y desde el taxi se veía su cara de culo mientras todos se cagaban de la risa.

Ya lo sé, ahora con el paso del tiempo es una anécdota estúpida, sin gracia.

Pero no sé porque extraña razón, hoy me acordé del Japo todo el día.

Published in: on julio 19, 2010 at 8:52 pm  Dejar un comentario