Las brasas de la tierra.

Hace calor aquí -dije.
-Sí, y esto no es nada- me contestó el otro.
Cálmese.Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.

Pedro Paramo- Juan Rulfo.

Nunca falla. Para estas fechas se repite hasta el infinito, la monotonía de las compras navideñas. Ritmo y tiempo, tiempo y ritmo van siempre acompasados por el calor. El verdadero protagonista de estas fechas… es él quien dirige la batuta.


La peatonal se llena de una procesión de muertos vivientes. Te ven venir de frente y no se corren, pasan al lado tuyo y te golpean con bolsos, bolsitas, carteras. También hay que esquivar taxis, remises, bicicletas, motos. Acostumbrarse el silbato de las naranjitas y los zorros. Pero cuando finalmente uno cree haber entrado en ese ritmo acompasado, no hay quien se frene de golpe para mirar una vidriera e inevitablemente se termina chocando y pidiendo disculpas hasta la cuadra siguiente, cuando tampoco se evitará un segundo encuentro repentino con alguien. En las compras navideñas, el ritmo siempre es ajeno… siempre.

Ritmo y tiempo es un lenguaje universal, de eso no hay dudas, pero en ciudades como Santa Fe, se distorsionan a causa del calor. Y aquí no hablo de mariconadas…estamos hablando del calor verdadero. Aquel calor que no deja respirar, porque combinado con la humedad le adormece a uno el cerebro y es ahí cuando se pasa a ser un muerto viviente más, que va de compras a la peatonal y que choca a las otras personas con los bolsos, y que se frena de golpe para mirar una vidriera; porque ya no te importa el prójimo que es pegajoso y molesto. Solo querés volverte a tu casa cuanto antes y rogas para encontrar un taxi vacío y es entonces que pasas por la puerta de un local y como la llamada de un ángel, sentís el aire frío y sin pensarlo te desesperas por entrar aunque no vayas a comprar nada.
Pero con el solo hecho de ingresar, sentís como si te hubiesen permitido pasar cinco minutos al paraíso y por fin dejar atrás las brasas de la tierra, la mera boca del infierno.

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Published in: on diciembre 22, 2010 at 8:18 pm  Dejar un comentario  

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