C’eravamo tanto amati (Nos habíamos amado tanto)


“El cine es solo un vehiculo para recordarles a los hombres su condicion humana” Manuel De Oliveira

El martes vi nuevamente “C’eravamo tanto amati” de Ettore Scola.

A groso modo dría que la historia se trata de Gianni, Antonio y Nicola, tres amigos militantes, “camaradas”, que combaten juntos contra el fascismo y a partir de ahí comienza una hermosa amistad. O eso es lo que se cree.

A través de un hecho en el presente, comienza un largo flashback en blanco y negro que nos cuenta la historia previa de estos amigos, desde que estaban juntos en un grupo subversivo hasta un acontecimiento que ocurre en el presente. Ahí vuelve el color.

Gianni (Vittorio Gassman) es un abogado ambicioso. Antonio (un magistral Nino Manfredi) es un tipo bonachón, chistoso y cariñoso. Trabaja como camillero, aunque le gustaría haber sido médico.
Y en el tercer lugar está Nicola (Stefano Satta Flores) quien es el intelectual del grupo, quien privilegia sus ideales por delante de su familia y vive angustiado por cambiar el mundo en el que le tocó vivir. Nicola es fanático del neorrealismo italiano.

Pero el elemento de conflicto en esta historia es Luciana (interpretada por la bellísima Stefania Sandrelli) de la que se enamoran los tres amigos. Pero lejos, muy lejos estamos de una cinta de enredos amorosos.

No creo estar capacitado para hacer un análisis de un film tan intenso. Tan grande.

Solo quería plasmar, que miré toda la película con una sonrisa de oreja a oreja, aunque era la tercera vez que la veía. Pero no se porque, en esta película hay dos escenas que me emocionan mucho. Y esta vez que la veía en cine, creo que me impactaron mucho más.

Una es cuando Antonio llega en la ambulancia hasta la Fontana Di Trevi a buscar a una señora que se sentía descompuesta. Pero resulta que justo en ese momento hay un gran desligue porque están filmando “La dolce vita”.
Fellini, el verdadero actuando de él mismo, se encuentra en una grúa rodando la famosa escena de Anita en el agua.

Mientras hacen silencio y observan, Antonio se encuentra al gran amor de su vida que por primera vez va a cumplir su sueño de ser actriz. Es Luciana, quien está charlando con Marcelo Mastroianni (el mismísimo Marchelo), mientras esperan ir a toma. El resto del equipo técnico y extras, caminan por las escalinatas de la Fontana, sin saber que son testigos del rodaje de una de las mejores películas de la historia del cine.

Esa simple escena, me hizo emocionar muchísimo. El cine detrás del cine.

Y la otra que también me impactó, pero en menor medida, es el momento en que Nicola está en la platea de un club escuchando a Vittorio De Sica (usando material de archivo, obviamente) contando como hizo llorar al niño de “El ladrón de bicicletas”. Quizás poniendo este fragmento resulte insulso, pero con la carga emocional que viene arrastrando la película, uno ve la cara de Nicola y se emociona.

Antes de empezar la película Juan dijo, algo como: “Estas, son el tipo de películas que hacen que uno sepa porque eligió esta profesión. El día a día de este medio es muy difícil, a veces hasta demasiado… pero cuando aparecen películas como estas, uno se da cuenta que no estaba tan equivocado en haber elegido al cine…”
Nunca estuve más de acuerdo con una persona.

Anuncios
Published in: on agosto 12, 2010 at 2:42 pm  Dejar un comentario  

Amarcord, Fellini y Bergman


Son las 22, 30 de la noche. Hace una hora que estamos analizando la estructura dramática de “Amarcord” de Federico Fellini. Lo que parece ser una película caótica, tiene sin que lo sepamos, una estructura bien definida.

Pascual y Juan José cuentan anécdotas sobre la charla con Tonino Guerra, el guionista de la película.

“¿Qué les pareció energéticamente?” pregunta de repente Juan José.

“A mí me cansó… me saturo… ni siquiera logré reírme cuando todos lo hacían… no veía las horas de que terminara…” dice un muchacho de la platea.

Para mis adentros, pienso que eso me pasa con Bergman.

Se arma un pequeño e interesante debate sobre el cine de Fellini y sobretodo cual es la clave para entender “8 y ½”. Una vez que se entiende esa clave, resulta ser un peliculón.

Juan José dice que en cuanto a dirección Fellini es magistral, que hay que aprender mucho de él, aunque a uno no le guste.

Y sí, finalmente dice las palabras mágicas: “A mí me pasa con Bergman… su cine no me dice nada… ¡tomá, lo dije!” Dice entre risas.

Respiro aliviado. Por fin siento que no soy el único.

Published in: on agosto 6, 2010 at 4:39 pm  Dejar un comentario  

El tachero zen.

Malabia y Camargo. Paro un taxi. “Vamos para Dorrego y Córdoba” le digo.

No pasan cinco segundos y empieza una entretenida charla con el tachero gordo y canoso.

“Yo tenía un negocio y me infarté… mientras tanto sacaba guita de los taxis, mi abuelo me dió como herencia 10 tachos y ahora tengo 20…”

Digo la pregunta obvia. “¿Y ahora te pusiste a manejar uno?”

“Es que… me pasé seis meses en mi casa, encerrado con mi mujer… me veía todas las novelas, todas las películas, la acompañaba al verdulero… no aguanté más flaco… no aguanté más…” me dice con resignación.

“Apenas se me fue un chofer… a la concha de su madre… lo agarré yo… y mirá que no necesito salir a la calle, pero en mi casa, encerrado con mi mujer no podía más…”

Me río por la situación.

“Por ejemplo anoche… a mi me gustan los caballos ¿sabés?… anoche me fui tranquilo al hipódromo de San Isidro, me pedí un pollito deshuesado con champiñones, me tomé un vacito de vino, le aposté a un caballito y después me fui” me cuenta todo esto, mientas pasamos un semáforo en rojo.

“Cuando volví a casa, mi jermu me pregunta ¿Cómo te fue?… ¡Re bien!… no sabés todo lo que laburé!…“. El taxista se ríe solo.

“Ma´sí… ¡déjame de hinchar las pelotas!…dejame ser feliz, si total no te falta nada…”

“Yo siempre digo, más guita de la que tengo no voy a tener y con la que tenemos hay que disfrutar”

Llegamos a destino. El tachero gordo, se adelante en el asiento y hace un esfuerzo para leer el cartel de Metrovisión.

“¿Vos andas en algo de la tele?” me pregunta.
“Y mas o menos, que sé yo… por lo menos eso intento…” le digo mientras pienso que llego tarde.

Le pago. Se crea un silencio. El tipo se queda pensativo y yo espero a que me dé el vuelto. Pasan unos segundos en los que no pasa nada.
Finalmente, parece que vuelve a la realidad.

“Disculpame… toma” me da las monedas.

“Chau che… gracias” le digo mientras abro la puerta.

“Chau flaco… seguí haciendo lo que te gusta…aunque te hinchen las pelotas…hacé lo que se te cante…”

Me bajo rápido porque estoy llegando tarde. Pero a mis espalda me doy cuenta que el taxi no ha arrancado. Pareciera que el tachero zen se ha perdido nuevamente en sus pensamientos.

Published in: on agosto 6, 2010 at 4:25 pm  Dejar un comentario  

Breaking Bad

BREAKING BAD es una serie que descubrí por casualidad, ya que lamentablemente en nuestra televisión sigue siendo desconocida.

No sé si será la mejor serie de la historia de la TV, pero de lo que sí estoy seguro de que se trata de una verdadera joya de la pantalla chica en la actualidad.

Sé que Mad Men promete mucho, pero recién vi tres capítulos.

Si me preguntarán que es lo bueno de Breaking Bad, me trabaría como un estúpido porque no sabría por donde empezar.

Digamos que es una serie que tiene muchos y variados elementos para ser tenidos en cuenta a la hora de analizarla.

Para empezar creo que la clave principal está en las actuaciones. No por nada, Bryan Cranston ha ganado varias veces el Emmy a mejor actor, interpretando a un Walter White excelente. Pero a su lado, también hay otro peso pesado… es ni más, ni menos que Aaron Paul, conocido por la muchachada “breakingbadsense” como Jesse Pinkman.

Pero si bien sus protagonistas principales la rompen, los secundarios también. No nos podemos olvidar del querido Dean Norris, interpretando a Hank Schrader y por supuesto a la moralista esposa de Walter, Skyler.

Pero si tuviera que recomendar Breaking Bad a un amigo, empezaría por decirle que es una serie que se basa en los siguientes pilares: relaciones familiares donde todo parece estar de maravillas, pero que en realidad son personas que no se conocen a pesar de compartir el mismo techo.

Claro, a primera vista se puede decir que también tratan el tema del cáncer y del narcotráfico… pero sobretodo indagan en la doble moral.

Walter White es un profesor de química de clase media baja, que de un día para el otro le detectan un cáncer de pulmón. Tiene un hijo discapacitado y su mujer embarazada a punto de tener un hijo no deseado. White, decide que antes de morir quiere dejarle a su familia una buena suma de dinero. Para ello comienza a realizar Crystal, una droga química de moda en Estados Unidos.

“Fa, loco…” dirá alguno. “Que dramón” dirá otro. Nada de eso. Lo que es un drama realista se convierte en pura adrenalina. Pura y dura como las metanfetaminas que prepara el Sr. White.

Como decía un critico de series: “Breaking Bad engancha de mala manera y el único recurso que tienes para callar a tu conciencia, es dándole al play para conseguir tenerla contenta. Verla del tirón no es problema pero cuidado cuando llegues al ritmo de un sólo capítulo a la semana… aviso que la espera no es agradable por mucho que exprimas más cada episodio”

Breaking Bad es una serie donde todo está cuidado hasta el último detalle. Algo insignificante en un capítulo, se vuelve sumamente importante tres capítulos más adelante.

Tiene unos diálogos fuertes y bien pensados, pero sobretodo, saben manejar muy bien el silencio. El silencio…. ¡Que bien le vendría un poco de silencio a las histéricas series de Adrián Suar!.

Técnicamente, Breaking Bad es magistral. Impecable. Estupenda. No se puede creer. Podría pasarme toda la noche hablando de esta serie, pero para resumir diré que todo lo que puedan ver en Breaking Bad está perfectamente diseñado, perfectamente estudiado. Desde su guión hasta la fotografía.

Antes de terminar, me gustaría citar Hernán Casciari:

“Breaking Bad nunca, jamás, se presentó como la gran revolución, ni como la más cara, ni como la mejor historia. Es una serie que partió de atrás, como un caballo sin nombre, y que a fuerza de un galope perfecto ahora está primera y sola en la carrera de las obras maestras”

Pruébenla… no se van a arrepentir.
Pero eso sí… les hago una única advertencia… no hay vuelta atrás… es un camino de ida.

Pruébenla… que Heisenberg invita.

¡POLLOS!

Published in: on agosto 5, 2010 at 5:39 am  Comments (1)  

Luces extrañas

Pablo tenía que cruzar la frontera con México y de esta manera renovar su estadía en los Estados Unidos. Eran fines de los noventa y por ese entonces como argentinos no necesitábamos visa para estar en el país del norte. Eran las “relaciones carnales”.

Habíamos salido de Dallas, donde vivía Pablo con su tía y llegamos a Austin para pasar la fiesta de fin de año. Allí nos encontramos Talbolt, un amigo yankee que había conocido meses atrás en Buenos Aires y que juntos saboreamos unas ricas bogas a la parrilla en Santa Fe.

Recuerdo esa noche como si fuera hoy. Hacia un frío terrible y estábamos adentro del auto decidiendo que hacer. El plan original era dejar el auto de Pablo en Austin y tomarnos un colectivo hasta McAllen, la ciudad fronteriza con México.

“¿Si nos vamos en el auto?” Me dice Pablo de repente.
“Pero mirá que son como 2 días de viaje…” contesté sorprendido mientras chequeaba el mapa.

Mi amigo encogió los hombros e hizo una mueca de que no importaba.

“Y bueno… vamos en el auto”

Al otro día, luego de saludar a Talbot y su grupo de amigos, arrancamos temprano hasta la frontera con México.

Aunque tedioso por momentos, el viaje fue espectacular. Íbamos escuchando todo el tiempo el disco nuevo de Cerati que acababa de salir al mercado y que se llamaba “Bocanada”. Estábamos alucinados con esas melodías.

Mientras tanto, pasábamos por Houston, San Antonio, por el estadio de Los Spurs y a veces entrábamos en pueblos fantasmas al mejor estilo far west. Uno en particular, nos llamó la atención porque estaba desierto y se parecía a una película de John Wayne.

En esas andábamos cuando rápidamente se nos hizo de noche y estábamos realmente cansados. Pero cuando miramos el mapa, nos dimos cuenta que nos faltaba mucho para llegar a McAllen y de no ser porque la fecha de expiración en el pasaporte de Pablo apremiaba, hubiéramos parado a descansar. Pero ese no fue el caso.

Habrán sido las dos de la mañana, cuando mis ojos no soportaron más el cansancio y se cerraron pesadamente. Me sumergí en un profundo sueño, a pesar de que cada tanto, me despertaba por el gran frío que hacia. Fue en una de esas despertadas, que Pablo firme en el volante, me señala a lo lejos lo que parecía una ciudad.

La ruta estaba desolada, no pasaba nadie y hacia tiempo que no veíamos señal de vida humana. Sin embargo, en medio del desierto tejano se alzaba una ciudad que despedía miles de rayos de luz.

“Fíjate como se llama” me dijo Pablo, mientras me señalaba el mapa para saber donde pasábamos.

A mí lo que me llamaba la atención es que las luces de la ciudad siempre permanecían igual. Ni se alejaban, ni se acercaban.

“No dice nada…”
“¿Cómo que no dice nada?… ¿No dice como se llama esa ciudad?”

“No… te juro que no… tendríamos que estar por… pará…. Por Alice…”
“No, Alice ya la pasamos mientras vos dormías…”

Miré el mapa varias veces para asesorarme de que mis cálculos y los de Pablo eran correctos. Y sí, Alice ya la habíamos pasado y faltaban varios kilómetros para la ciudad más cercana.
Sin embargo, esas luces se mantenían todo el tiempo adelante. Estuvimos como veinte minutos sin hablar, intentando adivinar en silencio que era realmente esa ciudad de luces extrañas.

Lamento decirles que el final no es como Expedientes X. Creemos que no fue un platillo volador. O por lo menos nunca la supimos.
Lo que puedo decirles con total seguridad, es que nunca descubrimos de que se trataba. De repente, tuvimos que doblar y esa estructura luminosa empezó a alejarse a nuestras espaldas.

Podría a ver sido cualquier cosa. Una boludez.
En definitiva éramos dos pendejos que de noche, transitábamos una ruta solitaria del Estado de Texas y que enfrente teníamos millones de luces encandilándonos.

Published in: on agosto 4, 2010 at 3:13 pm  Dejar un comentario