Chicos Terribles

Estaba en una de las tantas colas interminables a las que nos tiene acostumbrados esta ciudad. Mientras esperaba en medio de paquetes de papitas fritas y gaseosas, escucho la siguiente frase proveniente de una conversación de señoras mayores.

“Es que los chicos vienen terribles ahora…”

No sé porque esas palabras quedaron resonando en mi cabeza.

“¿Y antes como venían?” me preguntaba.

¿Que es esa cosa marketinera de antes venían mejor…?

Que antes los convertían de “terribles” a “santos” a los sopapos, es otro tema…pero para mí que los chicos siempre vinieron igual.

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Published in: on julio 31, 2010 at 10:13 pm  Dejar un comentario  

Los nombres de la rosa. (Para Maxi)


Cada vez que empezamos a relatar esta historia, Consuelo la mujer de Maxi, bosteza y con poco entusiasmo nos dice que sí, que ya la conoce.
Así y todo la contamos igual, y la Consu se resigna a escucharla por enésima vez.

Fué uno de esos veranos en que viajé con la familia de Maxi a Pinamar. Habremos tenido unos quince años, edad en la que los hombres andamos en el “boludeo total”; comportamiento que nos cuesta soltar aún de adultos y a veces… nunca logramos hacerlo.

Mientras las hermanas de mi amigo se enamoraban de Enrique Iglesias, Hernán Crespo y miraban hombres en la playa, a nosotros solo nos importaba jugar al “folbal”, andar en bici e ir a la noche a los jueguitos. Hasta llegamos a inventar una cosa muy rara, que consistía en andar en bicicleta con unas paletas de paddle en la mano y pegarle a una pelota, al mejor estilo polo.

O sea, el boludeo en su máxima expresión.

Pero he aquí que ese verano, la cosa fue diferente.

No digo con esto que de golpe y porrazo hayamos dejado de lado todas esas actividades boludonas, no, para nada… pero lo diferente fue que ese verano nos hicimos amigos de Maru y Mili, dos chicas de nuestra edad, de origen porteño y que daba la casualidad, sus padres habían alquilado una casa justo enfrente de la nuestra.

Así que ahí estábamos, dividiendo nuestro tiempo en actividades deportivas con las de conquista. Por ejemplo, cuando llovía y no había chances de practicar el “bici-paleta-pelota-polo”, nos íbamos para la casa de Maru y Mili y jugábamos al truco mientras tomábamos mates.
Me acuerdo una tarde en la que diluviaba, nos mandaron a comprar medialunas a “Delicity” y para allí partimos saltando charcos y empapándonos con tal de complacerlas.

Pero todo concluye al fin, nada puede escapar dice la canción y luego de una triste despedida, nos tocó regresar a Santa Fe… a la triste realidad. Eran épocas en la que no había chat ni e-mail, por lo que se hacía muy complicado retomar el contacto con esos seres extraños que uno comparte el verano y se vuelven entrañables.

Cuando ya dábamos todo por perdido, a los pocos meses tanto a Maxi como a mí nos llegó una carta de invitación para el cumpleaños de 15 de Mili en Buenos Aires.
No hace falta aclarar que hacia allá partimos. Preparamos sacos, camisas, mocasines y nos fuimos los dos solos a la gran ciudad. Nos creíamos “re pistolas”.

Me acuerdo que nos alojamos en el hotel “Gran Buenos Aires” en el microcentro porteño y allí fue grande nuestra sorpresa cuando nos encontramos a los jugadores de Unión que estaban concentrando para jugar un partido en primera. Nos sacamos fotos con el “Loco” Marzo, La “araña” Maciel, Perezlindo… todos jugadores que hoy, están en el olvido.

La “aventura” comenzó cuando decidimos dar un paseo por la calle Florida, que por ser de mañana estaba atestada de gente. En un momento Maxi se me pierde de vista y segundos más tarde, lo veo salir de un kiosco con una pila de paquetes de figuritas de Baytwatch en donde se la veía a Pamela Anderson corriendo por una playa con maya enteriza roja. Creo que no habrán pasado dos milésimas de segundos, que mi amigo dijo: “¿Para que mierda gasté tanta plata en esto?”

¿Por qué la tierra gira sobre su eje? ¿Cómo fue el origen del Universo? ¿Por qué compró Maxi aquellas figuritas?… son misterios sin resolver.

Pero bueno, no nos vayamos por las ramas. La cosa es que a la noche nos empilchamos, nos preparamos y salimos para el cumple de 15 de Mili.
Tomamos un taxi, le dijimos la dirección y partimos.

Maxi considerándose una especie de “GUIA T” viviente, le decía al taxista que calles tomar, porque claro… no queríamos que nos cague. Hoy viviendo en Buenos Aires, me doy cuenta que el tipo nos re cagó.

Pero eso señores… son datos menores…

Llegamos a una elegante casa del barrio de Belgrano, donde fuimos recibidos amablemente y nos invitaron a pasar luego de los saludos pertinentes.

La cosa no arrancó bien. No conocíamos a nadie y nos sentíamos sapos de otro pozo. Era muy diferente a las fiestas de quince a las que íbamos en Santa Fe.

Pero poco a poco, la noche se fue animando y empezamos a conocer gente, vino la comida, luego el vals y después un poco de cachengue. Y ahí nos lucimos mostrando nuestras habilidades en la cumbia santafesina.

Todo era pura algarabía cuando la música se paró de repente, la gente se hizo hacia los costados y en el centro, apareció Mili con su vestido blanco sosteniendo un micrófono. A su lado, había una mesa llena de rosas.

Así comenzó un acto en el que Milagros le entregaba una rosa a la persona que ella consideraba importante en su vida.

“Para mis papis que me dieron la vida” (o alguna boludez así) y ahí iban los padres en busca de la rosa, bañados en lágrimas mientra la gente aplaudía.

“Para mis hermanos que son terribles pero los quiero” y ahí partían los hermanos medios avergonzados y la gente aplaudiendo.

Cuando iban por la quinta rosa más o menos, Mili dice: (No estoy seguro si estas fueron las palabras exactas, lo que si recuerdo cuanto han retumbado durante años en nuestras cabezas):

“A pesar de que no los conozco hace mucho, siento que son como amigos de toda la vida. Los conocí en el verano y desde entonces, nos hemos vuelto inseparables… vinieron desde lejos para mi cumpleaños y por eso les quiero dar estas rosas…”

Con Maxi nos miramos, asentimos con la cabeza y en cámara lenta pero con paso refinado comenzamos a caminar hacia nuestra querida amiga que nos ofrecía una rosa. Claramente, se trataba de nosotros dos.

Mientras nos íbamos acercando, los aplausos quedaban distorcionados mientras veíamos que Milagros abría la boca para pronunciar aquellos nombres que nunca debimos haber escuchado.

La realidad nos golpeó y duro.

Nos paramos en seco, nos volvimos a mirar entre nosotros sin entender nada y tuvimos que pegar la vuelta con la cabeza gacha y sin rosa. En el fondo, los verdaderos amigos del verano, levantaban esa sucia planta como si fuera un trofeo.

Es una sensación muy fea cuando uno se siente no correspondido. Y nosotros nos sentíamos unos “pelotudos importantes”.

Así y todo, creo que la calentura nos duró unos minutos, porque tiempo más tarde cuando arrancó la música de nuevo, estábamos ahí de cachengue haciendo el trencito con Mili de locomotora.

Pero con el paso del tiempo, creo que fue lo mejor no haber recibido nunca esa rosa.

Si hubiera sido de esa manera, yo no estaría aquí contándola mientras me divierto mucho al recordarla, Maxi nunca hubiera comprado las figuritas de baywatch, nunca se hubiera inventado el “bici-paleta-pelota-polo” y sobretodo, Consu no la hubiera escuchado nunca en su vida.

Published in: on julio 25, 2010 at 10:48 pm  Dejar un comentario  

El Japo

No recuerdo si estábamos en tercer o cuarto año. De lo que sí me acuerdo es que para esa época con el Cabezón éramos unos fundamentalistas del reggae.

Eran tiempos en los que en Santa Fe predominaba la cumbia; por lo que la música jamaiquina no estaba en su apogeo como ahora y nosotros éramos considerados una especie de bichos raros.

Con el Cabezón, nos pasábamos horas escuchando discos de reggae y ska, que intercambiábamos con amigos que hacían lo que nosotros no podíamos, tocar en una banda reggae.

Y ahí estábamos en los ensayos de Sig Ragga Nauru (su primer nombre) y Butumbaba.

Por eso, cuando nos invitaron a un concierto en Rosario, no lo dudamos. Era una gran presentación de nuestros amigos en una ciudad más grande y además tocaban con Los Cafres, que todavía no eran muy conocidos.

Salimos un sábado a la tarde de la casa de Japo, en el colectivo destartalado que tenía Butumbaba. El micro era de los años 60, más o menos, no tenía butacas y estaba todo sucio. Obviamente, su utilidad era el traslado de la banda y no para hacer excursiones.

Con la adrenalina a full, cargamos cables, instrumentos, parlantes y nos fuimos para Rosario, donde llegamos más tarde de lo esperado, dada la poca velocidad del ómnibus y porque también habíamos hecho una parada en una estación de servicio.

Cuando llegamos al lugar donde iba a ser el recital, comenzamos con la descarga de los instrumentos, cuando de repente alguién pregunta con tono normal: “¿Che, dónde está el Japo?”

Japo era el trompetista de Butumbaba, que por sus rasgos orientales su sobrenombre era… claramente… Japo… de japonés.

“Debe estar dormido entre los equipos” fue una de las respuestas.

Pero en ese momento, nadie se entusiasmo demasiado con la intriga y continuamos con la pesada labor.

Cuando el colectivo quedó completamente vacío, el interrogante se agrandó de golpe y un cierto temor empezó a crecer entre todos los presentes.

“¿Dónde está el Japo?” Repetíamos a coro.
“El japo, boludo… ¿dónde está?”

Recordemos que para aquella época, casi nadie tenía celular. Era cosa de ricos.
En voz baja, algunos empezaban a hacer especulaciones al estilo:

“Para mí que nunca se subió”
– “¿No dijo que venía más tarde?”

Pero en el fondo, todos sabíamos que lo habíamos olvidado.
Si, señores. Nos olvidamos del Japo.

Nadie recordaba que en esa parada en la estación de servicio, Japo había bajado para comprar cigarrillos en el kiosco, mientras el colectivo a paso de tortuga arrancaba hacia su destino final.

Japo llegó horas más tarde y desde el taxi se veía su cara de culo mientras todos se cagaban de la risa.

Ya lo sé, ahora con el paso del tiempo es una anécdota estúpida, sin gracia.

Pero no sé porque extraña razón, hoy me acordé del Japo todo el día.

Published in: on julio 19, 2010 at 8:52 pm  Dejar un comentario  

Tiempo pa´ pensar.

Dijo la Mala Rodriguez:

-Seria mejor empezar otra vez…
-pero si ya se que no se puede…
-Vas a decirme que es imposible
pero por lo menos dejame que lo intente.
-Si, me di cuenta demasiado tarde.
-Sé, que aún podemos arreglarlo.
-Aprendi a sacarle jugo a mis defectos
y me va mejor desde que deje de odiar.

-Caminando yo en tus labios…
por la noche
por en medio de la calle estoy pensando:

-si me quieres no me falles

-soy de tierra con el agua
llego al cielo
dame tu aire y somos fuego
y deseo decirte todo lo que era cierto…

Published in: on julio 19, 2010 at 7:38 pm  Dejar un comentario  

Tincho Carpincho y el enano Pirincho.

Anoche charlando con un amigo santafesino radicado desde hace varios años en Villa La Angostura, me agarró un “viejazo nostálgico”.

“¿Te acordás de la foto de tu hermano con el enano de Tincho Carpincho?”, y los dos estallamos de la risa.

Para aquellos que no son santafesinos, les diré de qué se trata uno de los mejores programas de televisión de la historia argentina. Y me atrevo a más, de la televisión mundial.

“Tincho Carpincho” era un roedor antropomorfo que siempre andaba acompañado de chicos en el set de canal 13. El programa era de Jorge Álvarez, uno de los grandes periodistas santafesinos. El mito aún no revelado, indicaba que el programa se llama Tincho Carpincho, por Martín, uno de los hijos de Jorge.

Tincho tenia una voz aguda y siempre decía “Hola amiguitos”. Años más tarde, conocí al hombre que hacia esa enigmática voz y resultó ser un arquitecto.

Pero para no irnos por las ramas, les diré que este programa iba los sábados a la tarde, en donde después de pasar dibujitos animados, había presentaciones estelares como la Mago Solber y sobretodo… sobretodo… el enano Detective Pirincho.

Acá es donde me quiero detener.

El Detective Pirincho, era un enano detective que iba por la ciudad buscando misterios que resolver. Su movilidad era un pequeño colectivo para enanos y cuando no trabajaba para el programa se lo contrataba para animar fiestas para chicos.
Y he aquí donde aparece la foto que me disparó la nostalgia.

La dichosa imagen consiste en el colectivo de Pirincho, estacionado en la puerta de mi casa, el enano parado de manera rígida y mi hermano de unos seis años, imitando la misma acción. De fondo se ve un malón de chicos entre los que estoy yo. Ese cumpleaños fuimos todos a dar una vuelta en el colectivo del Detective Pirincho.

Pero la anécdota es que años más tarde el enano detective fue detenido por abuso de menores. Creo que aún cumple su condena en la cárcel de Las Flores.

El ocaso de una gran estrella.

No recuerdo bien, pero creo que lamentablemente ese fue también el final de uno de los mejores programas de mi niñez. Pero estoy seguro que Tincho Carpincho siempre quedará en el corazón de todos los niños santafesinos…

(en el próximo capitulo hablaré de María Azucena, otro estandarte de la TV santafesina, quien le hablaba a las flores y el sol).

Published in: on julio 14, 2010 at 8:17 pm  Comments (25)  

Gays, progres y circo.

Antes de empezar este articulo, querido blog, te pido mil disculpas. No quisiera ensuciar este espacio con basura política. Pero en este momento, siento que necesito expresarme de alguna manera.

Estoy a favor del matrimonio gay y de las igualdades ante la ley. Que eso no le quepa la menor duda a ninguno. Lo quería dejar en claro.

Mas bien mi critica es a la farándula que nos volvieron a vender, sin posibilidades de un debate en serio.

Que la Iglesia católica es conservadora, retrograda, pedófila, anacrónica, etc., eso no es ningún secreto. Contame algo que no sepa.
“Remite a los tiempos de la”Inquisición” dijo Cristina. El enriquecimiento ilícito, la corrupción, las instituciones paralelas, el apriete, etc., remite al colonialismo salvaje o al neoliberalismo de los noventa, si vamos al caso. No se trata de ver quién puede tirar la primera piedra.

Lo que no encontré fue un debate inteligente. O tenias un programa de TV donde Roberto Piazza se peleaba con un tipo de bigotes presidente de la asociación matemos a los gays, o los tenias a aquellos “open minds” de siempre, que si no estas de acuerdo con esta ley sos un retrogrado.

Como dijo Víctor Hugo Morales, el patrón de pensamiento de los que no están a favor de esta ley, es el mismo de los que están a favor de los militares. ¿Hay algún disparate más grande que ese? ¿Qué tenemos que hacer? ¿Fusilarlos en Plaza de Mayo mientras cantamos el himno nacional? ¿Por qué no se puede respetar a los que piensan diferente?

Debemos ser uno de los países más atrasado en materia homosexual. En Estados Unidos por ejemplo, se enseña el respeto hacia los homosexuales a través de una ley que la obliga tener como materia educativa desde la primaria. Lo mismo pasa en Inglaterra y Francia. El respeto se viene trabajando desde que son chicos.

En Argentina en cambio, el 80% de los que conozco que hoy están a favor de la ley del matrimonio homosexual, no dudan en llamar “puto de mierda” a cualquiera con el que se quieran pelear, se codean en el subte si ven a dos hombres de la mano o les da asco si se besan en un boliche. En un popular programa de TV una panelista le dice “sidoso” a otro panelista por ser gay. Así de progres somos.

En fin, creo que la aprobación de esta ley es un gran paso para nuestro país. Pero siempre me quedé esperando un debate en serio, lejos del patoterismo y el dedo acusador.

Y no basta con Pepe Cibrian haciendo un discurso emotivo en el congreso.

Me da la sensación que como en las épocas del coliseo romano, desde arriba nos tiran este pedazo de carne para que nos peleemos entre todos.

Mientras tanto, la semana que viene se trata una vergonzosa ley de minería impulsada por este gobierno, en donde se harán mierda miles de recursos naturales, pero donde habrá platita, mucha platita.
O como leía ayer, un joven neuquino que perdió a su hermano en Plottier, se instaló a pesar del frío en la puerta de Casa de Gobierno, donde inició una huelga de hambre para pedir una ley que reforme la seguridad vial. En Argentina por día mueren 20 personas a causas de accidentes de tráfico. El ministro Randazzo se negaba a recibirlo.

Por ninguna de estas dos cosas, vi que nadie se rasgue las vestiduras.

Published in: on julio 14, 2010 at 6:36 pm  Dejar un comentario  

Cuento de las arenas.

Cuento sufí que me acaban de pasar.

El cuento de las arenas

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:

“El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río”

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.

“Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino”

-¿Pero cómo esto podrá suceder?

“Consintiendo en ser absorbido por el viento”.

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?” “El viento”, dijeron las arenas, “cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río”

-¿Cómo puedo saber que esto es verdad?

“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río.”

-¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?

“Tú no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz. “Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial.”

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó –¿o le pareció?– que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: “Sí, ahora conozco mi verdadera identidad”. El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron: “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña”

Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

Awad Afifi el Tunecino

Published in: on julio 12, 2010 at 6:24 pm  Dejar un comentario  

Realidad y sueño.

Cuando uno sueña mucho una cosa y se concreta materialmente, es increible. Es… un sueño.

Feliz y contento.

Published in: on julio 10, 2010 at 2:00 am  Comments (1)  

Un día perfecto para leer Salinger

Ayer leí “Un día perfecto para el pez banana” o si prefieren “el pez plátano” o para los bilingues “A perfect day for bananafish”

Este es un cuento de uno de mis escritores favoritos J.D Salinger.
Dicha narración aparece en un libro que se llama “Nueve cuentos” o si Ud. Lo prefiere “Nine Stories” .

A J.D.Salinger se lo conoce como a un escritor que está rodeado de un aura de misterio creado por su escasa producción literaria y sobre todo por el hecho de haberse encerrado en una casa de campo junto a su mujer, para apartarse definitivamente de la vida social tras el éxito de su novela El Guardián entre el Centeno. (¡Por Dios, que libro!).

Sobre el cuento del pez banana, diré que son muchos los escritores y críticos que coinciden en que es, lo que se podría llamar “obra maestra”. Mi temor es que esas palabras, tan mal usadas hoy en día, pueda convertir a este cuento en tantas cosas que se dicen ser “obras maestras” y no lo son.

Sin embargo este relato…golpea… y fuerte. Salinger nos habla del engaño y de la mentira; de la compleja comunicación entre los seres humanos por debajo de lo trivial y del mundo de los niños, que es al mismo tiempo inocente y perverso.

Salinger es un experto en analizar lo que sucede cuando los adultos nos sentimos niños desprotegidos.

Pero ante todo, creo que nos quiso mostrar que vivimos en una sociedad enferma, que hace todo lo posible para que vivamos en burbujas lejos de esa violencia que nos presenta.

Cualquiera que se ponga a leer a Salinger por primera vez, como me pasó a mí, va a encontrar historias realistas…aparentemente sencillas. Pero a medida que la lectura va avanzando, uno se da cuenta que este tipo nos está haciendo daño, que nos golpea donde más nos duele y así y todo, tenemos esa cosa masoquista que nos hace que no nos podamos desprender de la lectura.

Como les decía, ayer leí “Un día perfecto para el pez banana” .

¿Qué más se le puede pedir a la vida?

Published in: on julio 8, 2010 at 8:11 pm  Dejar un comentario