Una película que se la banca…

Mi critica no será para nada objetiva, porque aún estoy en “caliente”, pero afirmo sin dudas que hacia mucho tiempo que una película no me hipnotizaba tanto como “La cinta Blanca “(The White Ribbon) de Michael Haneke.

Confieso que salí del cine con sentimientos encontrados. Por un lado esta feliz por haber visto esta película…inmensa,  por otro  tenía una sensación de angustia y horror como nunca antes me había transmitido un film.

“La cinta  blanca” es un magistral relato, muy intrincado, que está resuelto con precisión  apabullante. Hace unos días escuché a dos personas que decían que el final era muy abrupto, al estilo de su película anterior “Cache/ Escondido”. Nada más lejos de la realidad. El final de White Ribbon es perfecto, termina donde tiene que terminar, como toda película que “se la banca”.

Me adhiero completamente a la critica que decía que: “Existen cineastas que tienen un coraje ilimitado, que aprecian al espectador lo bastante como para ponerles un espejo en la cara y mostrarle así los abismos de la perversidad. Michael Haneke es uno de ellos.”

La historia transcurre en  pueblo protestante del norte de Alemania, donde acontecen una serie de hechos misteriosos y brutales, narrados por una voz en off perteneciente al maestro del lugar. Podríamos decir que él, investigará los sucesos, de modo que el personaje funciona al mismo tiempo como narrador y como artífice para revelar los misterios (palizas, incendios, accidentes incomprensibles) que sacuden a todo el pueblo y amenazan con poner en jaque la autoridad de los poderes establecidos.

Las actuaciones tanto de los adultos como de los pequeños son maravillosas. Yo particularmente, quedé impresionado con Eva y Karl.

Hoy en día  existe un calificativo tan desgastado como “obra maestra”. Pero la última película de Haneke lo es: guión perfecto, historia sólida, interpretaciones que combinan naturalidad con enormes dosis de inquietante frialdad, bellísima y no menos inquietante fotografía en blanco y negro (Christian Berger), uso inteligentísimo de la música.

Ya no es ningún secreto que las reflexiones sociopolíticas de Haneke, están casi siempre vinculadas a lo más oscuro del ser humano en general, y a la violencia en particular, que aquí se vuelcan  en la  historia alemana como ejemplo de brutalidad.

“La cinta blanca” es una película  de poderosas imágenes que atrapan y seducen más por la inquietud de lo que sugieren que por la belleza de lo que muestran. Imagenes de las que se desprende una sensación tan incómoda y amenazante como sutil y reconfortante, la película realiza una acertada y conveniente interpretación sobre el origen de las conductas violentas y autoritarias, sobre las frustraciones y represiones que despiertan los instintos de la venganza y la crueldad, y consigue una película tan hipnótica como lúcida, tan apabullante como aterradora.

Cuando se encendieron las luces del cine, una señora indignada gritó a los cuatros vientos: “¡¡¿¿Está es la película que ganó Cannes??!!… que vergüenza…” luego bajo rápidamente las escaleras y se fue a su casa tratando de olvidar  esa película vergonzosa… tan vergonzosa que la mantuvo dos horas y medias sentada en la butaca mostrándole lo vergonzoso del ser humano.

Published in: on abril 27, 2010 at 4:27 pm  Comments (1)  

La mujer de las fotos.

Published in: on abril 25, 2010 at 3:03 pm  Dejar un comentario  

Sueño con Fidel Castro.

La historia vas más o menos así. Luego de trabajar hasta las tres de la mañana en un guión que no me interesa en lo más mínimo, decido que lo mejor es irme a la cama. Leo unas pocas páginas del libro que tengo en este momento y el sueño comienza a invadirme. Apago la luz y me dejo llevar. Minutos más tarde… bah… creyendo que han pasado minutos, me desvelo por completo. Prendo el velador y el reloj del celular me da la hora: las cinco de la mañana. La puta madre.

Me esfuerzo por dormirme una vez más, pero no hay caso. Doy vueltas en la cama, mientras escucho como la panadería de enfrente abre sus puertas, mientras el camión de la basura pasa por ahí (¿habrá sido el camión de la basura? ¿A esa hora?). Como si no hubiera descansado ni un segundo, me levantó y voy hasta la cocina. Saco de la heladera una botella de agua y me clavo dos galletitas dulces, mientras leo un iman que dice: Cerrajería 24 hs. Luego me tiro en el sofá, tratando de buscar alguna ayuda a mi insomnio, mientras me fumo un pucho tratando de pensar que carajo hacer. Leer de nuevo o mirar alguna película lo descarto rápidamente.

Decido volver a la cama, sin antes, consultar el reloj. Son las cinco y media. La re putísima madre. Necesito dormir.

Después de dar unas cuantas vueltas en la cama, me voy quedando dormido.

Sinceramente, no sé que soñé antes, pero mi encuentro con Fidel Castro se desarrollo de la siguiente manera.

Yo estaba en un gran campo estilo… suizo digamos… aunque a decir verdad, nunca estuve en Suiza. De algo estoy seguro… no era el campo de Alfredo De Angelis o de Buzzi. En medio del campo, había dos casas de maderas con la típica forma de los cuentos de Heidi. Yo estaba en la parta de afuera, al lado de un asador, al que le metía madera para hacer una gran fogata. El problema era, que yo intentaba hacer fuego con leños totalmente húmedos. Viendo mis fallidos intentos, decido salir en busca de madera seca  que me ayudara a realizar, mi tan ansiado fuego.

Es en ese momento, en el medio del campo cuando veo apoyado sobre la verja de madera, a Fidel Castro vestido con su típico uniforme verde oliva.

En mi sueño éramos… amigos, camaradas.  Yo lo saludaba dándole la mano y luego seguía con mi tarea de cortar leña. El se quedaba detrás mió, siempre apoyado en la verja.

Para serles sincero, no recuerdo exactamente nuestro dialogo, si recuerdo cuando le conté que había estado en la Florida, Estados Unidos.

–         “Allá, en Florida había muchos que estaban enojados con Ud, Fidel”

Fidel sonríe pensativo, mientras continúa mirando como corto leña.

–         “Y… también hay que ver de donde vienen esos… “ respondió.

Fue en ese mismo instante en que me desperté sobresaltado, sin saber donde estaba y que hora era. Abrí con un portazo la puerta de mi pieza, como asustado aunque no sé exactamente porque. Solo empecé a despertarme cuando escuché el ruido del transito porteño y la luz del sol que invadía el living.

Published in: on abril 24, 2010 at 4:16 am  Dejar un comentario  

En las garras de Stieg Larsson.

Hace dos días fui hasta la feria de libros que se encuentra sobre la Av. Santa Fe a escasos metros de Plaza Italia. Me dirigí exactamente allí en busca de un libro que no encontraba en ninguna librería “convencional”.

El libro en cuestión, es archiconocido. Se podría decir que es eso que se denomina “Boom literario”.

Generalmente cuando un libro explota en el mercado mundial y está en boca de todos, me produce cierta reticencia. No sé porque. Y tampoco creo que sea porque tenga una postura “baficiana” de la vida… aunque pensándolo bien,  deben ser por los años que pasé en la FUC, en donde lo comercial es considerado herejía.

Pero me pasó con “El código Da Vinci” (aunque lo leí de un tirón) y me pasa con todos estos libros de tapas tan feas como Crepúsculo de Meyer. (En mi regreso de EEUU, en el avión pasaron la película y me dí cuenta de lo bendecido que fui en no haber leído jamás ese libro).

Pero del libro del que quiero hablar, es de el primero de la trilogía Millenium “Los hombres que no amaban a las mujeres” del sueco Stieg Larsson.

El libro es un socotroco de 660 páginas y la tapa de por sí, es media bizarra.  Poco a poco, fui buscando referencias de este libro y de la película. Para mi gran sorpresa, muchas personas que odian lo comercial, se “sacaban el sombrero” ante esta historia.

Por ejemplo, Osvaldo, mi librero amigo de la Librería La Cita, fue toda una sorpresa. Para que el lector sepa de quién se trata, Osvaldo es fiel amante de la buena literatura y fuerte detractor de la mala. Lo bueno de Osvaldo es que no tiene pelos en la lengua, por eso cuando alguna señora ingresa pidiendo por ejemplo… “El Secreto”, directamente la manda a la mierda.

Creo que como comerciante, es muy buen lector de libros.

Por eso, mi sorpresa fue tal cuando pasé a saludarlo. En un momento de nuestra charla política sobre los Kirchner, salió el tema de la trilogía  de Millenium y  me dijo textualmente:

“Los libros son alucinantes… y las películas también… es más, tengo ganas de volver a leerlos una vez más…” (Nota: estamos hablando de 3 libros de más de 600 páginas cada uno).

Quedé sorprendido. “¿Que le estará pasando a Osvaldo?” pensé.

Más tarde en la comodidad de mi casa, ingresé a la pagina web de un reconocido critico de cine, del que… lo admito, no comparto la mayoría de sus criterios cinematográficos, ya que para él cualquier “tanque” es una mierda. Pero en su crítica sobre la primera película sobre Millenium, afirmaba que por momentos le hacía acordar al cine de David Linch con mezcla del de Lars Von Trier. Que luego de haber visto la primera entrega, comenzaría a leer los libros de la trilogía.

Segunda sorpresa del día.

Así fue llegué a esta critica de Mario Vargas Llosa sobre tan nombrados libros:

Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima.

¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página “¿Y ahora qué, qué va a pasar?” y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad.

(…)Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado.

Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.

La novelista de historias policiales Donna Leon calumnió a Millennium afirmando que en ella sólo hay maldad e injusticia. ¡Vaya disparate! Por el contrario, la trilogía se encuadra de manera rectilínea en la más antigua tradición literaria occidental, la del justiciero, la del Amadís, el Tirante y el Quijote, es decir, la de aquellos personajes civiles que, en vista del fracaso de las instituciones para frenar los abusos y crueldades de la sociedad, se echan sobre los hombros la responsabilidad de deshacer los entuertos y castigar a los malvados.”

Published in: on abril 22, 2010 at 4:01 pm  Comments (2)  

Cosas extrañas que suceden en Palermo Hollywood

Dos y media de la tarde. Me dirijo a Palermo Hollywood. Desciendo del colectivo 39 (ramal 2) y comienzo a buscar la calle Dorrego. A los pocos metros siento algo que se incrusta en la suela mi zapatilla derecha. No me pincha de milagro. El objeto en cuestión es un taco de plástico con tres clavos puntiagudos.

Sigo caminando y me doy cuenta de que estoy completamente perdido. Meto la mano en mi bolso en busca de la GUIA T. Compruebo una vez más que me la he olvidado.“¡Oh, Guia T…nunca más me vuelvas a abandonar!… me haces tanta falta”.

Sigo mi camino orientándome solamente por intuición. Encuentro a una pareja joven tomando mate en la puerta de un kiosco. Les pregunto para que lado esta Dorrego. Continúo mi marcha hasta dar con la calle tan deseada. Llego a la productora. Son dos puertas y un solo timbre. Toco. A los pocos segundos, aparece un joven con la llave en la mano y me abre a través de una reja, me hace pasar. Ninguno de los dos dice nada. Subo unas escaleras y me introduzco en… una casa. “Que raro…” pienso. El joven me invita a sentarme en una silla alrededor de una mesa familiar. “Algo no anda bien” dice nuevamente mi intuición.

“¿Rolando esta?” pregunto con intriga. El muchacho pone cara seria. “¿Qué Rolando?”. Me doy cuenta que estoy en el lugar equivocado, él se da cuenta de que cometió un error. “Ah, la productora es acá al lado” se apura a decir.

Desciendo las escaleras nuevamente. El joven me abre las rejas una vez más. No sé como despedirme. “Gracias che…”. El flaco sonríe. “Disculpá… estaba esperando a una persona y pensé que eras vos…”

“Todo bien” es lo único que atino a decir.

Published in: on abril 21, 2010 at 9:03 pm  Dejar un comentario  

Námaste.

Cada vez que una palabra me persigue, me intriga y asusta. Se me  acopla como el pájaro carpintero de una conocida publicidad. Intentaré dar una explicación lo menos “palermiana” posible,  aunque creo que será una misión imposible. Uno, porque vivo en Palermo. Dos, porque donde quiera que me mueva por este vasto territorio, quedo impregnado de olor a pizza con rúcula y filosofía oriental chick.

Hace unos días,  vi en el MSN un nick que decía “”NAMASTE”. El terminó me llamó la atención, aunque no le dí mucha importancia. Intenté leerla de atrás para adelante para descifrar algún significado oculto, quizás de alguna logia masónica, pero no encontré ninguna revelación interesante. Mi instinto detectivesco anda todavía por  niveles muy básicos.

Días más tarde, fui a una clase de yoga (en Palermo, of course)  y luego de una dolorosa clase de estiramiento corporal, la profesora (¿se dirá así, en términos…digamos.. yoguisticos?) terminó la sesión con un “Namaste”. ¡Pum!… ahí estaba de nuevo.

Hay quienes afirman que las casualidades no existen, por eso ayer cuando iba en el colectivo y volví a ver “Namaste” en forma de graffiti, decidí que ya era el momento de saber que significaba aquella palabra que no me dejaba en paz. Algo me quería decir.

Wikipedia dice que Námaste es una expresión de saludo, originaria del sur de India. Que se usa tanto como el hola y el adiós del idioma español. Que en sánscrito significa “te reverencio a ti”. Que para llevar a cabo este saludo, el mortal debe  juntar las palmas de las manos y  los dedos apuntando hacia arriba, en posición de oración. Normalmente se acompaña por una inclinación ligera de la cabeza, hecha con las palmas abiertas y unidas entre sí, ante el pecho. En India, el gesto se acompaña a veces con la palabra námaste.

También descubrí por esas cosas “locas” que tiene el Google, que Námaste es el nombre de un episodio de la quinta temporada de la serie (ahora una gran decepción) LOST.

Este término fue variando a lo largo de su recorrido desde Oriente hasta el barrio de Palermo en diferentes significados:

  • “Su espíritu y mi espíritu son uno”.

  • “Lo que es de lo divino en mí saluda a lo que es de lo Divino en ti.”

  • “La divinidad dentro de mí percibe y adora a la divinidad dentro de ti.”

  • “Todo lo que es mejor y más alto en mí saluda / saluda a todo lo que es mejor y más alto en ti”.

  • “Saludo a Dios dentro de ti”.

Realmente es patético comenzar un blog con una nota tan insignificante como esta. Ya vendrán tiempos mejores… mientras tanto… ¡Námaste! para todos…


Published in: on abril 21, 2010 at 3:40 pm  Comments (1)