Si a la Reina de Inglaterra le gustó…

Estabamos sentados en el medio de la sala con los anteojos 3D puestos, para para ver LAS CRONICAS DE NARNIA, EL VIAJERO DEL ALBA o algo similar.
De repente una señora regordeta, nos pide permiso para pasar, por ese siempre escaso espacio entre nuestras rodillas y las butacas de enfrente. Le concedemos el permiso y con gran dificultad se sienta a nuestra derecha.
Ni bien se acomoda, tira sin demasiadas vueltas: “¿Qué criticas tienen de esta película?”
Contestamos que no sabemos.
Ante la incertidumbre de nuestra indiferencia critica, la señora replica: “Dicen que a la película la vió la Reina de Inglaterra… si la vió ella… debe ser muy buena…”

Nos callamos.

A los pocos segundos, llega su marido y se sienta a mi lado. Las luces se apagan y de la pantalla sale Johnny Deep en tres dimensiones. Las chicas suspiran en voz alta y alguna que otra, tira un manotazo al aire.
Finalmente empieza la pelicula que tanto le gustó a la monarquia británica, pero no así al marido de la señora; ya que apenas pasados los primeros cinco minutos, el hombre se duerme y se pone a roncar.

Published in: on enero 3, 2011 at 3:23 pm  Comentarios (4)  

El niño cowboy y el viejo.

Supongamos que la escena se desarrolla de la siguiente manera: mediodía de un caluroso día de verano en la ciudad de Santa Fe. Dos hermanos, uno de pelo castaño claro y el otro castaño oscuro, juegan en la calle. Uno porta una máscara de Ben 10 con una pistola láser en su mano, el segundo un sombrero de cowboy con su correspondiente arma. Es muy probable que estén estrenando juguetes que le ha regalado para navidad.
Pero no solo estos dos niños están en la escena. Imaginen que también hay un auto estacionado donde no le está permitido y por eso tiene las balizas prendidas.

Con una rapidez impresionante, el niño cowboy le roba descaradamente la pistola al niño láser. El niño Ben 10, vulnerable, se apura a esconderse detrás de un árbol. Cowboy en vez de acecharlo para darle el tiro de gracia, esconde la pistola láser debajo de una de las ruedas traseras del coche de las balizas encendidas.
De repente una puerta se abre de golpe. Un hombre elegantemente vestido sale a toda prisa de la casa. Una mujer lo despide desde la puerta y se apura a cerrarla. El hombre elegante se sube al coche estacionado y arranca velozmente. La pistola láser queda hecha añicos.

El niño Ben 10 empieza a llorar a los gritos. El auto de las balizas, que ahora están apagadas, se detiene. El hombre elegante se baja y mira hacia la pistola. No sabe qué ha pasado. Otra puerta se abre. Es la madre de los chicos, que al ver la situación comienza a regañar a cowboy por su comportamiento. Cowboy también empieza a llorar.
El hombre elegante pide disculpas sin entender muy bien cuál es su culpa. Sube nuevamente al coche y sale a toda prisa.
Láser y cowboy lloran desconsoladamente mientras la madre arriándolos a los gritos, los mete adentro de la casa.

Tito aún con las bolsas del supermercado colgándole de las manos, mira la situación por el ventanal de su casa y sonríe. La escena le ha traído muchos recuerdos. Cuando el túnel del tiempo lo libera de esas imágenes rancias, empieza a caminar como sus setenta y siete años le permiten.
Una cocina de azulejos celestes añejos. Un TV de los años setenta. El monótono tic- tac de un gran reloj colgando arriba de la puerta, es lo único que se escucha a lo largo y ancho de la casa.

Tito saca de la bolsa de nylon blanca una zanahoria. Abre un cajón de una alacena gris y antigua. De la misma extrae un pelapapas con el que pela la zanahoria.
De repente se escucha ruido de llaves y la puerta principal que se abre. Tito detiene su tarea. Se da vuelta lentamente. En la puerta de la cocina está su hijo con los ojos rojos de tanto llorar. A su lado está su mujer quien le pasa una mano por la espalda consolándolo. Tito aún tiene la zanahoria en una mano y el pelapapas en la otra. Deja todo sobre la mesada y se sienta. La garganta se le ha hecho un nudo. Pasa su mano por el mantel de hule floreado, dándose unos segundos para formular la pregunta que tanto teme. Luego, con mucho valor, levanta la cabeza para mirar a su hijo. “¿Se murió la vieja, no?”

Tito sale a la calle escoltado por su hijo y la mujer. Se suben a un taxi que espera con las balizas prendidas. Tito se acomoda en la parte trasera, al lado de la ventanilla. Desde allí gira la cabeza y se da cuenta que en el ventanal de la casa de enfrente, el niño cowboy se seca las lágrimas mientras mira como el viejo se acomoda en el asiento. Las miradas se cruzan. Tito le sonríe al niño y con los dedos simula una pistola, como lo haría Clint Eastwood en alguna de sus películas. Cowboy también sonríe, mientras mira como el coche se aleja por la calle desierta.

Published in: on enero 2, 2011 at 7:16 pm  Dejar un comentario  

Las brasas de la tierra.

Hace calor aquí -dije.
-Sí, y esto no es nada- me contestó el otro.
Cálmese.Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.

Pedro Paramo- Juan Rulfo.

Nunca falla. Para estas fechas se repite hasta el infinito, la monotonía de las compras navideñas. Ritmo y tiempo, tiempo y ritmo van siempre acompasados por el calor. El verdadero protagonista de estas fechas… es él quien dirige la batuta.


La peatonal se llena de una procesión de muertos vivientes. Te ven venir de frente y no se corren, pasan al lado tuyo y te golpean con bolsos, bolsitas, carteras. También hay que esquivar taxis, remises, bicicletas, motos. Acostumbrarse el silbato de las naranjitas y los zorros. Pero cuando finalmente uno cree haber entrado en ese ritmo acompasado, no hay quien se frene de golpe para mirar una vidriera e inevitablemente se termina chocando y pidiendo disculpas hasta la cuadra siguiente, cuando tampoco se evitará un segundo encuentro repentino con alguien. En las compras navideñas, el ritmo siempre es ajeno… siempre.

Ritmo y tiempo es un lenguaje universal, de eso no hay dudas, pero en ciudades como Santa Fe, se distorsionan a causa del calor. Y aquí no hablo de mariconadas…estamos hablando del calor verdadero. Aquel calor que no deja respirar, porque combinado con la humedad le adormece a uno el cerebro y es ahí cuando se pasa a ser un muerto viviente más, que va de compras a la peatonal y que choca a las otras personas con los bolsos, y que se frena de golpe para mirar una vidriera; porque ya no te importa el prójimo que es pegajoso y molesto. Solo querés volverte a tu casa cuanto antes y rogas para encontrar un taxi vacío y es entonces que pasas por la puerta de un local y como la llamada de un ángel, sentís el aire frío y sin pensarlo te desesperas por entrar aunque no vayas a comprar nada.
Pero con el solo hecho de ingresar, sentís como si te hubiesen permitido pasar cinco minutos al paraíso y por fin dejar atrás las brasas de la tierra, la mera boca del infierno.

Published in: on diciembre 22, 2010 at 8:18 pm  Dejar un comentario  

El diablo y Ricardo Fort.

Uno lee el titulo y podría relacionarlo con algo cómico. Pero no lo es.

Mi hermano me cuenta, que hoy en el Hospital de Niños atendió a un chico de 11 años que dice haber visto al diablo. El joven postrado en una cama, mira a un punto fijo, casi sin pestañar y babea.

El chico, está fuertemente medicado. El padre, desesperado, le cuenta a mi hermano la experiencia. Comida familiar, el chico empieza a decir que ve muchos espíritus en la casa, a un tío muerto y que alguien quiere matar su abuela. Cambia su voz, se pone más aguda. Su padre intenta calmarlo, lo sujeta de los brazos. El pequeño se agita y con voz gruesa, le dice que no es su hijo. Empieza a los gritos.

Mientras me cuenta esto, en la TV pasan un resumen del programa de Fantino. Nos quedamos callados. Demasiada coincidencia. El invitado es un sacerdote exorcista. Pasan imágenes de un exorcismo en Córdoba. Una chica grita poseída.

De repente, el iluminado de Coco Sily le pregunta al sacerdote: “Mucha gente dice que Ricardo Fort saca lo peor de todos los seres humanos. Que sus actitudes hacen que la gente se enoje. Padre, ¿podría Ricardo Fort tener algo de diablo?”

Juro que la pregunta es seria. Por lo menos, Coco no se ríe. El sacerdote contesta: “Así es… así es…”
No sé como terminar la nota. Podría poner algo cómico como: “¿Tan bajo cayó el diablo?”. Pero pienso en el paciente de mi hermano y no me da nada de risa.

Published in: on diciembre 1, 2010 at 7:25 pm  Dejar un comentario  

Fragmentos de un asado.

Quedamos en llegar a las 10. Pero a las 10,30 fuimos con Andrea a buscar el auto. Vamos parando por Boulevard. Se suma Emmanuel y Julia. Llegamos a las 11.

Julián dice por mensaje de texto que compremos elementos vegetales para hacer ensaladas. También algunas gaseosas… y el típico vinito. Ya hay carne y el carbón.

Paramos al costado de la ruta. Compramos los vegetales, 3 botellas de coca cola y un vino tinto.

Llegamos a Colastiné. Mientras Emmanuel se pone a hacer el fuego, tomamos mates, fumamos, charlamos.

A los pocos minutos, se viene la picada.
Morcilla fría con pan, coca cola con hielo.

Llega el último integrante. Cuenta las experiencias de un casamiento desesperante.

Se viene el asado. Riquísimo, crocante. Ensaladas varias. Descorche del tinto.

Después de comer desaforadamente, la modorra. Y los efectos del tinto.
Estiramos los pies, algunos se tiran al suelo. Calor de siesta. Quietud santafesina.

Poco a poco nos vamos arrastrando al césped. Mojarse con lo que haya. El calor no perdona.

Los rayos del sol comienzan a descender. Arranca el tereré, tirados en un sofá sobre el pasto.

El regreso. El sol anaranjado de frente. La cara colorada y caliente. El embotellamiento. La gente caminando por la costanera.
El vaso de agua invertido en la cabeza, los globitos, la insolación y la ducha.

Refrescarse y tirarse en calzoncillos con el ventilador al máximo. Y sonreir.

Published in: on diciembre 1, 2010 at 6:48 pm  Dejar un comentario  

Todo sobre Mad Men.

Por Luci Porchietto.

Mad Men me gusta desde el primer capítulo. Sé que no a todos les sucede lo mismo. Al principio el ritmo de la serie es lento, moroso, arbitrario (aburrido, incluso, dicen algunos). Luego, con el correr de las temporadas la lógica se va acelerando y va quedando atrás esa especie de borrachera de Campari a la tardecita que es la serie en sus primeros episodios.


Don Draper, en cambio, demoró en convertirse un héroe para mí. Primero la quise a Peggy, después a la señorita Holloway, y mucho más tarde al pobre Don. Él se las arregla para no llamar la atención, ni siquiera a los espectadores. No es fácil ser un héroe tan oscuro. No quedan dudas: es su propia silueta la que cae entre los carteles rutilantes de Nueva York en los títulos: una mujer gigante y hermosa parece sostenerlo con su pie. Nunca sucede. Don Draper no deja de caer –o volar– entre la mampostería de una ciudad nueva.

Porque Mad Men es viejo y nuevo a la vez. Es, en realidad, el germen de lo nuevo: los hombres que están en el lugar justo en el momento indicado. Son publicistas, es Nueva York y empiezan los sesentas. Es estar en el punto preciso donde algo está gestándose. Es gestarlo, incluso. Entre tanto tufillo de novedad se respira un aire un poco inocente, casi pueril. Porque no hay novedad que no suene algo desmesurada con el correr del tiempo. Las publicidades de Starling Cooper, el corto que dirigió Salvattore (pobre de él, nunca tuvo aire), las modas, todo eso, nos causa algo de ternura. Pero no hay más: lo que sigue a ese gesto paternalista que sólo podemos esgrimir porque han pasado cincuenta años, es sólo dolor. El dolor de saber de dónde venimos.


Ahora, en Mad men no sólo hay hombres, sino mujeres. Cuesta un poco adaptarse a ver la naturalidad con la que el maltrato sucede en los primeros capítulos. Las cosas han cambiado, no lo suficiente, pero sí para que nos resulte increíble (nunca inverosímil) el modo en el que tratan a Peggy el día de sus inicios como secretaria, o la manera en que Draper se dirige a su mujer, o cómo los vecinos del barrio acogen a la única divorciada a la vista. Claro que como en toda buena historia los quiebres no dejan de encontrar intersticios, y ahí aparece Peggy, la primera heroína, defendiendo a capa y espada su lugar, ganándoselo antes, haciendo méritos y dejando todo en el camino para llegar a tener oficina incluso en medio de la misoginia. Y está la amante bohemia de Don, que lo lleva a recitales de poesía y le hace ver que el mundo es vasto e impredecible. Y está Holloway, con sus tetas enormes, ganándose el mundo sin más armas que su feminidad. Poder ver todo ese proceso, el modo de habitar ese mundo de hombres que encuentran las mujeres, incluso la odiosa Betty Draper, es impagable.

El día que vi el último capítulo de la cuarta temporada de Mad Men (todavía no lo pude borrar de mi disco rígido: es un tesoro, y no exagero) después soñé mi propio fin de temporada. En el sueño Don Draper, callado, con esos ojos vidriosos de tanto alcohol, intentaba decirme algo. Igual que el Draper de verdad (el de la serie, digo, porque para mí es real) a pesar de estar callado me transmitía algo urgente con sus gestos. “Hay que salir corriendo” dijo, al fin, con un hilo de voz: “Viene una tormenta, hay que salvarse. Después, todo mejora”. Yo, en el sueño, le hacía caso, ¿cómo desoír un consejo de Don Draper, si él ve todo incluso antes de que ocurra? Salí corriendo. Soñé con Draper, soñé conmigo. Tarde, es verdad, el héroe era parte de mi percepción, mi experiencia y mi mundo. Entró de a poco, de a gotitas, y ese tiempo lento, moroso, paciente, fue el que hizo que la serie se tornara tan verdadera.


Mad Men es la historia de muchos personajes enormes, descomunales, adorables y preciosos pero es sobre todo la invención de ese tiempo único en el que las cosas suceden justo cuando deben suceder y 1960 es, de un modo extraño pero indiscutible, la forma más precisa de la nuestra contemporaneidad.

Published in: on noviembre 26, 2010 at 2:09 pm  Dejar un comentario  

Gloria a Mad Men

Estoy abducido por Mad Men… lo admito. Hace casi una semana, me vi uno de los últimos episodios de la segunda temporada y todavía sigue rondando en mi cabeza. Fue tan genial, tan intenso y tan redondo que no me lo puedo olvidar.


Que es la mejor serie de tv, que los Grammys, que la decoración, que los actores, etc. Todo eso pasa a segundo plano cuando uno está abducido por una serie.

Trato de despejarme y ver otras cosas. Películas, pero no hay caso. Me pongo a leer, no hay caso.

Todo me hace acordar a Mad Men. Y me da nostalgia. Hago lo imposible para evitarlo. Darme un tiempo, “estirarlo”.

Pero nada es como Mad Men.

Para despedirme de esta declaración patética, les dejo una frase de Hernan Casciari sobre la serie:

“Pero sepamos esto de una vez y para siempre: por fin se podrá decir de alguna película, dentro de unos años, veinte o cincuenta años, la siguiente frase: “Fui al cine a ver tal cosa, y lo que vi casi, casi, estuvo a la altura de Mad Men”.

Published in: on noviembre 26, 2010 at 12:45 am  Dejar un comentario  

Las mujeres y el papel higiénico

“¿Qué hacen las mujeres con el papel higiénico?”. Ya sé, la pregunta da pié para que se responda de manera grosera, ordinaria y escatológica. No es esa la intención de la pregunta.

Lo mío es un interrogante más… más… filosófico.

No me interesa saber “qué” es lo que hacen, ni el cómo. Me interesa saber el por qué.

La gracia de la filosofía, es que esta se hace preguntas últimas. O sea, por aquellas que van en la búsqueda del sentido final, de las cosas.

Pretendo no caer en la categoría de machista, pero hagan la prueba. Dejen un rollo de papel higiénico cerca de una cantidad X de mujeres. Verán que en cuestión de minutos desaparece.

Así, como por arte de magia.

Claro, nunca es bueno generalizar… claro que no. Pero los invito a hacer la prueba.

Published in: on noviembre 26, 2010 at 12:23 am  Dejar un comentario  

Mad Men y Piso de soltero de Billy Wilder.

Después de haber terminado con la última temporada de BREAKING BAD, pasé unos días sin mirar ninguna serie. No me ponía de acuerdo, FRINGE, MAD MEN y terminar SIX FEET UNDER eran las opciones.

Finalmente me decidí por MAD MEN, y no me arrepiento de nada, señores.
Metiéndome en varios blogs de cine y series de TV, encontraba que a algunos les gustaba más a otros menos, pero todos coincidían en las siguiente frase: “Mad men, es sin dudas, una de las mejores series en la historia de la TV”. Faaa…. ¿Es para tanto? Sí. ¿Solo porque ganó tres Grammys consecutivos a la mejor serie dramática? Si. ¿Pero por que? ¡¡¡Porque es una serie magistral y san se acabó!!!.

Para empezar su guión es buenísimo. Nada malo se podía esperar de Matthew Weiner, uno de los guionistas de Los Sopranos y creador de esta serie.
Pero para aquellos amigos de la adrenalina, cabe aclarar que no es una serie de acción. Es un drama muy bien llevado y a veces, hasta diría, “lento”. Hay que pasar los 5 primeros capítulos, para engancharse del todo con las historias corales que acá se relatan. Pero cuando termina la primera temporada, te quedas con ganas de más y más.

Mad Men también hace que uno tenga ganas de meterse en una maquina del tiempo y volver a los 60´s. Van a ver que todo está muy bien ambientado, que los objetos cobran vida porque tienen que estar ahí y porque significan algo.
Los personajes son entrañables. A pesar de ser una época diferente y una cultura lejana, uno se siente totalmente identificado hasta el punto de emocionarte al mismo tiempo que ellos lo hacen.Pero sobretodo, lo que uno encuentra en esta serie, son las sutilezas.

En el capitulo final, cuando realizan la propuesta de la publicidad del carrusel de Kodak, me emocioné hasta las lagrimas al mismo tiempo que lo hacía Don Draper.

Una critica española decía que: “Hacía tiempo que la tele no les regalaba algo así. Nunca me cansaré de recomendarla, ni alabarla, ni de decir que merece todos los premios que está cosechando. Tuvo una brillante primera temporada que me ganó con tan sólo su episodio piloto. Sí, yo fui de los que entró de lleno en la serie con tan sólo un episodio. Pero cuando creía que ya había alcanzado la perfección, Mad Men se superó con la segunda y, en especial, la tercera temporada. Las palabras brillante o perfección alcanzaron todo un nuevo significado.

Es una serie que enamora con sus secuencias, con sus planos, con sus diálogos y sus silencios, con unos personajes fuertes, vivos y a la vez muertos por dentro. Me emociono de tan sólo pensar lo que nos va a traer esta nueva temporada, de las vivencias y conflictos de los que estamos a punto de ser testigos. Y doy las gracias porque lo podamos ver.”

Pero ¿que es lo que más me gusta de esta serie? Es que MAD MEN, es cine. Cine puro hecho para TV.

Y acá es cuando quiero enganchar con Billy Wilder y Hitchcock.

En el capitulo 10 de la primera temporada, un señor invita a una compañera de trabajo al cine. Le dice que estan dando: “The apartament” de Billy Wilder. Pero también aclara que se estrenó una película “extraña” que se llama “Psicosis” y hace un comentario despectivo sobre este tipo de cine. (Cabe aclarar que Hitchcock no gozaba de una buena repercusión por ese entonces en los Estados Unidos)

Esa sola escena, me hizo “vivenciar” como eran los estrenos de estas dos obras maestras del cine. En la misma semana se estrenaba una película de Don Alfred y otra de Billy Wilder. Guau….

Pero está bien…lo confieso, si bien me encanta Wilder, nunca había visto THE APARTAMENT ,así que no dudé y miré PISO DE SOLTERO, como fue su traducción al castellano. Gracias a MAD MEN, vi una de las mejores películas de Billy Wilder.

No me voy a poner a analizar la película, porque no tengo ganas. Simplemente quería informarles que PISO DE SOLTERO arrasó con seis premios Oscar, incluyendo mejor película.

Y ahora viene una buena pregunta: ¿Por qué Piso… nunca ingresó a al top ten como otras obras maestras de Wilder, por ejemplo El ocaso de una vida y Una Eva y dos Adanes?

Misterios sin resolver…

Dicen que un crítico americano, llamado Mark Cousins, quién escribió la introducción al guión de Piso de soltero, reconoció que esta película es “la mejor no-obra maestra del cine americano”.

Será entonces como dice la premisa de Sterling Cooper, la agencia de publicidad de los personajes de MAD MEN:

“No importa lo que seas. Lo importante es como lo vendas“.

Published in: on octubre 18, 2010 at 5:42 pm  Dejar un comentario  

C’eravamo tanto amati (Nos habíamos amado tanto)


“El cine es solo un vehiculo para recordarles a los hombres su condicion humana” Manuel De Oliveira

El martes vi nuevamente “C’eravamo tanto amati” de Ettore Scola.

A groso modo dría que la historia se trata de Gianni, Antonio y Nicola, tres amigos militantes, “camaradas”, que combaten juntos contra el fascismo y a partir de ahí comienza una hermosa amistad. O eso es lo que se cree.

A través de un hecho en el presente, comienza un largo flashback en blanco y negro que nos cuenta la historia previa de estos amigos, desde que estaban juntos en un grupo subversivo hasta un acontecimiento que ocurre en el presente. Ahí vuelve el color.

Gianni (Vittorio Gassman) es un abogado ambicioso. Antonio (un magistral Nino Manfredi) es un tipo bonachón, chistoso y cariñoso. Trabaja como camillero, aunque le gustaría haber sido médico.
Y en el tercer lugar está Nicola (Stefano Satta Flores) quien es el intelectual del grupo, quien privilegia sus ideales por delante de su familia y vive angustiado por cambiar el mundo en el que le tocó vivir. Nicola es fanático del neorrealismo italiano.

Pero el elemento de conflicto en esta historia es Luciana (interpretada por la bellísima Stefania Sandrelli) de la que se enamoran los tres amigos. Pero lejos, muy lejos estamos de una cinta de enredos amorosos.

No creo estar capacitado para hacer un análisis de un film tan intenso. Tan grande.

Solo quería plasmar, que miré toda la película con una sonrisa de oreja a oreja, aunque era la tercera vez que la veía. Pero no se porque, en esta película hay dos escenas que me emocionan mucho. Y esta vez que la veía en cine, creo que me impactaron mucho más.

Una es cuando Antonio llega en la ambulancia hasta la Fontana Di Trevi a buscar a una señora que se sentía descompuesta. Pero resulta que justo en ese momento hay un gran desligue porque están filmando “La dolce vita”.
Fellini, el verdadero actuando de él mismo, se encuentra en una grúa rodando la famosa escena de Anita en el agua.

Mientras hacen silencio y observan, Antonio se encuentra al gran amor de su vida que por primera vez va a cumplir su sueño de ser actriz. Es Luciana, quien está charlando con Marcelo Mastroianni (el mismísimo Marchelo), mientras esperan ir a toma. El resto del equipo técnico y extras, caminan por las escalinatas de la Fontana, sin saber que son testigos del rodaje de una de las mejores películas de la historia del cine.

Esa simple escena, me hizo emocionar muchísimo. El cine detrás del cine.

Y la otra que también me impactó, pero en menor medida, es el momento en que Nicola está en la platea de un club escuchando a Vittorio De Sica (usando material de archivo, obviamente) contando como hizo llorar al niño de “El ladrón de bicicletas”. Quizás poniendo este fragmento resulte insulso, pero con la carga emocional que viene arrastrando la película, uno ve la cara de Nicola y se emociona.

Antes de empezar la película Juan dijo, algo como: “Estas, son el tipo de películas que hacen que uno sepa porque eligió esta profesión. El día a día de este medio es muy difícil, a veces hasta demasiado… pero cuando aparecen películas como estas, uno se da cuenta que no estaba tan equivocado en haber elegido al cine…”
Nunca estuve más de acuerdo con una persona.

Published in: on agosto 12, 2010 at 2:42 pm  Dejar un comentario  
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